Por Dante Rojas Pedrizco
León se entiende mejor cuando hay gente caminando. Quizá por eso enero le sienta tan bien. La feria aparece y, por unas semanas, todo se concentra en ese perímetro donde Poliforum, Parque Explora y el recinto ferial reúnen buena parte del movimiento de la ciudad.
La Feria de León no requiere estrategia: entras con $15 y caminas. Los stands funcionan como un catálogo abierto: lo útil junto a lo innecesario, la chamarra de piel, las botas, cobijas de tigre, artículos para el hogar, curiosidades que cambian de mano sin demasiada ceremonia. La amplitud no abruma; define el carácter.

Foto: Dante Rojas
El ruido sube. Juegos mecánicos que levantan la vista por encima del techo, el vértigo breve, la puntería insistente, la frase que se repite —“una y ya”— hasta que la tarde se estira más de lo previsto. La comida aparece cuando toca: algo que se come de pie, algo que obliga a sentarse, algo que mancha los dedos. De lo simple a lo extraordinario, cada quien marca su propio ritmo.
Por la noche, el espacio cambia de tono. El Domo concentra luces; mientras que el Palenque recoge otra energía; el Foro de la Gente —la Velaria— abre el aire hacia arriba. Producciones grandes, escenarios bien montados, públicos distintos compartiendo explanada. Durante un mes, León suena más alto.

Foto: Dante Rojas
Luego se desmonta todo.
Y la ciudad continúa.
Partir del Arco de la Calzada y dejar que la caminata avance sola. Seguir hacia el centro entre vitrinas abiertas, mesas ocupadas, tránsito constante. Cruzar la plaza, entrar al Templo Expiatorio y levantar la vista; quedarse un momento mientras la piedra sostiene el silencio antes de volver a la calle.


Foto: Dante Rojas

Doblar hacia la Zona Piel, recorrer cuadras dedicadas al cuero, tocar las costuras, probar tallas, elegir con calma. Reconocer el oficio en el detalle: el peso de una suela, el corte firme de una chamarra, el brillo discreto de una bolsa bien hecha.
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Caminar Parque Explora sin programa fijo. Bordear el lago, cruzar el puente, entrar y salir del museo interactivo, sentarse un momento mientras el movimiento sigue alrededor. Pedir una guacamaya crujiente, probar la cebadina con su espuma roja, elegir cabrito y dejar que la sobremesa marque el tiempo.

Foto: Dante Rojas
León fue fundada en 1576. Cuatro siglos y medio después, la ciudad sigue ampliándose y reorganizándose. La feria —que tomó forma moderna desde finales del siglo XIX— concentra la energía durante unas semanas; el resto del año, el pulso permanece. Venir por la feria y quedarte por descubrir la ciudad.
Porque viajar no es solo llegar: es disfrutar cada paso del camino.

