Imagina esto: un restaurante entero decide tomarse unas vacaciones inesperadas por el Golfo de México. El famoso El Atracadero, ese clásico flotante de madera que llevaba más de 40 años anclado en el malecón de Tuxpan, Veracruz, se zafó de su lugar y emprendió un viaje épico.
Todo empezó a mediados de octubre pasado, cuando las lluvias intensas —alimentadas por el huracán Priscilla y la tormenta Raymond— desbordaron el río Tuxpan. La corriente fue tan brutal que arrancó la estructura del muelle y la mandó río abajo. La gente vio cómo se lo tragaba el agua, y de repente, ¡pum!, desapareció.

Foto: x / @MaTere_Mendoza
Días después, pescadores de la zona sur del estado se toparon con algo surrealista: el restaurante flotando mar adentro, a unas 8 millas náuticas de la costa, entre Alvarado y Sontecomapan. Intacto, con sus dos niveles, mesas, sillas y hasta el refrigerador todavía en su sitio. “¡Mira, ahí anda la casa!”, decían en los videos que se hicieron virales. Hasta bromearon que traía de todo, como si estuviera listo para seguir sirviendo mariscos en alta mar.
La estructura se había partido en dos durante el trayecto, pero la parte principal recorrió más de 200 o 300 kilómetros (dependiendo de cómo lo midas: río + mar). Los pescadores lo grabaron sorprendidos, y en redes explotó: memes, especulaciones y un montón de “¿cómo llegó hasta acá?”.
Te recomendamos:

10 restaurantes extraños que no sabías que existían, ¿los visitarías?
Prueba con realizar algo diferente y date una vuelta por estos restaurantes extraños que te volarán la cabeza por sus curiosas y divertidas temáticas
La Secretaría de Marina intervino rápido para asegurarlo y evitar que se convirtiera en peligro para las lanchas, sobre todo de noche sin luces. Al final, el El Atracadero no terminó hundido ni perdido: lo remolcaron y regresó por tierra a Tuxpan en tráiler, listo para una posible restauración y volver a ser el punto de encuentro de siempre.
Una historia loca que demuestra lo impredecible que puede ser la naturaleza en Veracruz. Un restaurante que se convirtió en aventurero involuntario y, de paso, le dio material para semanas a las redes. ¿Quién dice que solo los barcos de película viajan así? Este lo hizo en la vida real, y salió entero.
