Coahuila es famoso por sus dulces típicos, verdaderos tesoros que las familias han preparado por generaciones. Desde las tradicionales calabazates y jamoncillos hasta los deliciosos cocos, las empanadas de dulce y las glorias, estos postres son mucho más que un antojo: son recuerdos de reuniones familiares, de ferias y de las cocinas de las abuelas. Cada dulce lleva consigo una historia y un sabor que identifica al estado. (Más adelante te cuento con detalle sobre ellos).
La cocina coahuilense es sencilla, sabrosa y muy ligada a lo que da la tierra y el campo. Aquí predominan los ingredientes del norte: la carne de res y de cabrito, el frijol, el maíz, el chile y los lácteos. Uno de los platillos más representativos es el asado de puerco, preparado con carne de cerdo en una salsa espesa de chiles rojos, acompañado casi siempre de tortillas de harina recién hechas. Otro clásico es el machaca con huevo, carne seca deshebrada que se saltea con tomate, cebolla y huevo, perfecta para desayunar con tortillas calientes.

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No se puede hablar de Coahuila sin mencionar el cabrito, ya sea al pastor, en salsa o asado al horno; es un orgullo regional que se sirve en ocasiones especiales. También están los discos de vaquero o carne al disco, platillo que se cocina en el campo con todo lo que haya a la mano: carne, papas, nopales, chorizo y mucho chile.
El frijol con veneno (frijoles con chile y carne) y las tortas de harina gorditas y suavecitas son compañeros inseparables en casi cualquier comida. De postre o para acompañar, el queso de puerco y las semitas de anís cierran con broche de oro una tradición que sabe a campo, a fogón y a casa.
¿Cuáles son los dulces típicos de Coahuila?
Los dulces típicos de Coahuila son como un abrazo dulce del norte de México, llenos de tradición y sabores que vienen de la tierra y de las manos de generaciones enteras. En este estado, donde el desierto se mezcla con huertos y ranchos, los postres no son solo para endulzar la boca, sino para contar historias de familias, fiestas y hasta influencias de lejos, como las que trajeron inmigrantes del Medio Oriente. Piensa en nueces, leche quemada, frutas secas y piloncillo; ingredientes simples que se transforman en delicias que te hacen volver por más.
Coahuila no presume tanto como otros lugares, pero sus dulces son un tesoro escondido que vale la pena descubrir, ya sea en mercados de Saltillo, Torreón o Parras.
Empecemos por los dulces de leche, que son un clásico en todo el estado. Estos se hacen cocinando leche con azúcar hasta que espesa, y a veces se quema un poquito para darles ese toque caramelizado único. En Torreón, por ejemplo, los encuentras en formas como conos con dulce de leche quemada, que son crujientes por fuera y suaves por dentro, perfectos para morder en una tarde calurosa.

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No muy lejos, en regiones como Sacramento o Monclova, estos conos son un orgullo local, heredados de recetas antiguas que usan leche fresca de las vacas del desierto. Y si hablamos de variaciones, las glorias son una estrella: bolitas de leche quemada envueltas en papel, a veces rellenas de nuez o frutas.
¿Qué más?
En Saltillo, las glorias rellenas van cubiertas de chocolate y cargadas con dátil, chabacano, ciruela pasa, orejón de durazno o incluso cajeta de membrillo. Es como una sorpresa en cada bocado, dulce y con un crunch que te deja sonriendo. Estas glorias han cruzado fronteras, pero su esencia está en Coahuila, donde se preparan con leche de cabra o vaca local para un sabor más auténtico.

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Luego están los dulces con nuez, que abundan gracias a los nogales del estado. El queso de nuez es fascinante: a pesar del nombre, no lleva queso ni lácteos; es una mezcla de nueces molidas, yemas de huevo, azúcar y agua, cocinada hasta quedar suave y cremosa.
Viene de las regiones de los Siete Manantiales y Parras, con raíces españolas, pero se ha hecho norteño puro. Lo comes en rebanadas, como un queso de verdad, y es ideal para regalar. Parecido, pero en forma de rollo, están los rollos de nuez o rollos de membrillo y nuez, que combinan la acidez del membrillo con el crocante de la nuez.

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En Torreón, los rellenan con más frutas secas, haciendo un postre que sabe a fiesta familiar. Y no olvides las bolitas de nuez, pequeñas bombas de sabor que se derriten en la boca, a menudo vendidas en mercados artesanales de Parras.
Frutales y mucho más
Coahuila también brilla con frutas en sus postres. Los dátiles de Torreón son legendarios, traídos por inmigrantes árabes que plantaron palmeras en la Laguna. Se usan en rellenos o solos, pero en dulces como limón relleno de cocada con dátil, crean una mezcla tropical y refrescante. De Arteaga, conocida como la Suiza mexicana, vienen las manzanas frescas que se convierten en mermeladas o empanadas.
Hablando de eso, las empanadas dulces de nuez y piloncillo son infaltables en Día de Muertos, hojitas de masa horneada con relleno pegajoso y aromático. Y para algo más rústico, el dulce de higo: higos cocidos en azúcar y canela, simples pero con un dulzor profundo que recuerda los huertos del norte.

Foto: X / Dulces artesanales de parras Coahuila
No podemos dejar fuera los ates y dulces de frutas como los ates de guayaba, densos y cortados en cuadritos, o los dulces de calabaza, camote y biznaga, que usan cactáceas del desierto para un toque único y fibroso.
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En Torreón, también hay dulces de coco, dulces de tamarindo picantes-dulces, y obleas de cajeta, delgadas y crujientes. Otro favorito es el pan de pulque, esponjoso gracias al fermento del pulque, con un leve dulzor que va genial con chocolate caliente. O las hojarascas, galletas polvorientas de canela y azúcar, crujientes como hojas secas. Para la Cuaresma, la capirotada es reina: capas de pan viejo con piloncillo, queso, nueces y pasas, un postre humilde pero reconfortante.

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Para cerrar con los dulces típicos de Coahuila
Y hay más, como el jamoncillo, hecho de leche y azúcar en barras firmes, o las palanquetas de cacahuate con piloncillo, un snack callejero. En Parras, dulcerías como las de Doña Goyita ofrecen bolitas de higo o abuelos mini, que son versiones pequeñas de quesos de nuez. Incluso el rollo de guayaba o campechanas dulces agregan variedad.

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Estos dulces no son solo comida; son parte de la identidad coahuilense. Se venden en ferias, se regalan en bodas y se preparan en casa para compartir. En un mundo de golosinas industriales, los de Coahuila nos recuerdan el valor de lo hecho a mano, con ingredientes locales que capturan el espíritu del norte: resistente, generoso y siempre dulce. Si viajas por allá, no te vayas sin probar unos cuantos; te llevarás un pedacito de México en el paladar.
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