Nada mejor que olvidarse del frío invernal en Huatulco, pensaba mientras flotábamos en las aguas caprichosas de la Bahía de Tangolunda y, debajo, un pequeño banco de peces nos escoltaba a todas partes. Este paraje sereno de la costa oaxaqueña tiene la habilidad de bajarte la guardia: te recibe con calidez; playas cristalinas donde el horizonte parece no terminar nunca, ideales para navegar en velero, remar en kayak o sumergirse en esnórquel para encontrarte cara a cara con la fauna marina —eso sí, siempre respetando sus aguas de calma engañosa, que a veces cambian de humor sin avisar.

Foto: Fernanda Meneses Herrera
Este paraíso nos llamó nuevamente, esta vez por el FestivAlebrije 2025, un encuentro donde la creatividad se vuelve tangible. Artesanos de distintas regiones de Oaxaca y Puebla mostraron piezas que hablan por sí solas, pero también compartieron historias que se quedan en el pecho. A eso se sumaron cenas creadas por chefs oaxaqueños y bebidas espirituosas coronadas por el inconfundible mezcal, ese que se toma a besos.

Foto: Fernanda Meneses Herrera
Un resort para consentirse sin remordimientos
Nuestro hogar temporal fue Dreams Huatulco Resort & Spa, un complejo frente al Pacífico que entiende perfectamente lo que significa “consentir”. Aquí, cualquier deseo, es posible: desde un corte New York a medianoche hasta un helado de queso con zarzamora bajo el sol. El resort ofrece siete espacios gastronómicos y room service 24/7, lo cual básicamente es el edén de los antojadizos.
Para quienes viajan con energía de sobra, hay actividades durante todo el día: acuaeróbics, voleibol acuático, arquería, yoga, velero, snorkel y kayak. A eso se suman tres infinity pools, terrazas para cenas románticas, un spa con área wellness, club infantil y noches animadas con maridajes, propuestas culinarias y el club Desires para quienes quieren cantar y bailar hasta entrada la madrugada.

Fotos: Fernanda Meneses Herrera



Manos que cuentan historias
Las artesanías expuestas en cerámica, barro, madera, papel, tela y bisutería llenaron el resort de color y tradición. Los stands parecían pequeños templos donde la paciencia, la técnica y la historia se entrelazaban.
El artista poblano Daniel Paredes presentó su cerámica policromada, una tradición familiar que revive al Día de Muertos en cada pieza. Crear una obra mediana le puede llevar hasta un mes, y no sorprende: cada detalle parece respirarse.
El maestro oaxaqueño Jacobo Ángeles, famoso por su trabajo en madera de copal y su iconografía zapoteca, contó cómo su taller ha colaborado con Disney y Pixar para dar vida a los alebrijes de Coco. Y sí, definitivamente sus tonas y nahuales transmiten mucho folclor, espiritualidad y protección, propios de estos animalitos.

Fotos: Fernanda Meneses Herrera



Desde los Valles Centrales llegó Roberta Ángeles para mostrarnos el deshilado y bordado de textiles, actividad que puede requerir hasta ocho meses de trabajo. Sus prendas son testimonio del tiempo convertido en belleza y cada bordado simboliza un fragmento de identidad y una historia que se teje con paciencia y que, al ser portado, honra a quien lo lleva.
¿Qué más en FestivAlebrije 2025?
Por su parte, Juan Carlos Luna —a quien desde niño su creatividad e interés por el modelado lo llevó a crear sus propios juguetes con figuras— sorprendió con su cerámica hecha con plastilina epóxica, que admira la imperfecta naturaleza humana y resalta las emociones. Sus piezas, que pueden tomar un mes en completarse, parecen salidas de un sueño ligeramente rebelde.
Y, por supuesto, no podía faltar el barro negro de San Bartolo Coyotepec, representado por el taller de Adelina y Pedro. Ellos lo dicen sin rodeos: “Priorizar calidad antes que cantidad porque cuando compras una de sus artesanías te llevas un pedacito de historia, tradición y corazón”.

Fotos: Fernanda Meneses Herrera



Foto: Fernanda Meneses Herrera
Sabores que iluminan la noche en FestivAlebrije 2025
Las cenas del FestivAlebrije 2025 se convirtieron en un desfile de emociones culinarias: el éclair relleno de queso mascarpone, chocolate oaxaqueño y naranja; el rollito de pollo con hoja santa y estofado zaachileño; y el pork belly confitado con puré de manzana, chocolate, mole de guayaba y coliflor de chepil fueron mis favoritos y platillos que aún me hacen salivar solo de recordarlos.
Los chefs Andrea Sánchez, Irving Zúñiga y Uriel García dejaron claro que la cocina oaxaqueña es un universo en expansión, lleno de ingredientes endémicos y sabores que conquistan.
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Las cenas fueron maridadas con mezcalinas, carajillos y mezcales como Quiéreme Mucho, y Campo Rosal, provenientes de San Pedro Taviche y de Santiago Matatlán, servidas por el mezcalier . El maestro mezcalero de Campo Rosal, Rodrigo Santiago López, impartió una cata en una terraza iluminada a la luz de las velas, donde explicó paso a paso el proceso de elaboración de su mezcal y las diferencias entre mezcal artesanal y ancestral.
Para cerrar con broche de oro, los textiles oaxaqueños estuvieron presentes en un desfile inaugural y otro de cierre de las diseñadoras Niza Cosme y Fabiola Calvo, quienes colaboran con artesanos locales y han llevado el nombre de México hasta el Milan Fashion Week.
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