En las afueras de Ulan Bator, la capital de Mongolia, se erige una imponente estatua ecuestre de Gengis Kan, la más grande del mundo con sus 40 metros de altura. Esta figura de acero inoxidable, que representa al legendario guerrero a caballo con una mirada fija en el horizonte, es un tributo moderno a uno de los líderes más influyentes de la historia. Construida en 2008 para conmemorar el 800 aniversario de la fundación del Imperio Mongol, simboliza el orgullo nacional y atrae a turistas que buscan conectar con el pasado nómada de Asia. Gengis Kan, nacido como Temujin en 1162, unificó tribus dispersas y forjó un imperio que cambió el mapa del mundo.
El Imperio Mongol surgió a principios del siglo XIII bajo el mando de Gengis Kan, quien transformó clanes rivales en un ejército disciplinado y móvil. Sus conquistas se extendieron desde China hasta Europa del Este, abarcando un territorio de más de 24 millones de kilómetros cuadrados, el más vasto contiguo en la historia. Usando tácticas innovadoras como la caballería ligera y el arco compuesto, los mongoles derrotaron a potencias como el Imperio Jin en China y el Califato Abasí en Persia, facilitando el intercambio cultural a lo largo de la Ruta de la Seda.

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Tras la muerte de Gengis en 1227, sus sucesores, como Ögedei y Kublai Kan, expandieron el imperio dividiéndolo en kanatos. Kublai fundó la dinastía Yuan en China, promoviendo el comercio y la tolerancia religiosa. Sin embargo, el imperio decayó en el siglo XIV por divisiones internas, plagas y resistencias locales. Su legado perdura en la genética, el comercio global y la idea de unificación a través de la fuerza, recordándonos cómo un pueblo nómada moldeó civilizaciones enteras.
¿Qué es la Gran Estatua Ecuestre de Gengis Kan?
En las afueras de Ulan Bator, la bulliciosa capital de Mongolia, hay un monumento que parece desafiar al cielo abierto de la estepa. Se trata de la Estatua Ecuestre de Gengis Kan, una figura colosal que representa al legendario líder mongol a caballo, con la mirada fija en el horizonte oriental.

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Construida en 2008 para celebrar los 800 años de la fundación del Imperio Mongol, esta estatua no es solo un símbolo de poder histórico, sino un recordatorio vivo de cómo un hombre unificó tribus nómadas y cambió el curso de la historia. Ubicada en Tsonjin Boldog, a unos 54 kilómetros al este de la ciudad, junto al río Tuul, el sitio fue elegido por una antigua leyenda: se dice que allí Gengis Kan encontró un látigo de oro, un presagio de su futuro dominio. Es un lugar que combina historia, cultura y vistas impresionantes, perfecto para quienes buscan entender el alma de Mongolia.
La estatua en sí mide 40 metros de altura, lo que la convierte en la más grande del mundo en su tipo, superando incluso a otras monumentales como la del general San Martín en Uruguay. Está hecha de 250 toneladas de acero inoxidable, un material que brilla bajo el sol mongol y resiste los duros inviernos. El diseño corrió a cargo del escultor D. Erdenebileg y el arquitecto J. Enkhjargal, y su construcción costó alrededor de 4.1 millones de dólares, financiada por la empresa mongola Genco Tour Bureau.

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¿Qué más de este gran monumento en honor al gran Gengis Kan?
La base es un centro de visitantes de 10 metros de alto, con 36 columnas que representan a los 36 kanes que sucedieron a Gengis, desde él hasta Ligdan Kan. Todo el complejo abarca 212 hectáreas, y aunque aún no está completo, planean agregar 200 gers (tiendas tradicionales mongolas) dispuestas en patrones que imitan marcas de caballos del siglo XIII. La orientación de la estatua no es casual: apunta al este, hacia el lugar de nacimiento de Gengis en 1162, simbolizando un regreso a las raíces.
Al llegar, lo primero que impresiona es la escala. Puedes caminar por los jardines gratuitos, donde hay estatuas más pequeñas que recrean al ejército mongol a caballo, evocando las conquistas que extendieron el imperio desde China hasta Europa. Para entrar al interior, pagas una entrada modesta, alrededor de 10,000 a 20,000 tugriks (unos 3 a 6 dólares), dependiendo de la temporada.

Foto: X / @CathyOvtch
El horario suele ser de 10 a.m. a 6 p.m., aunque varía en invierno, así que es mejor confirmar antes de ir. Dentro, un ascensor te lleva por el pecho y el cuello del caballo hasta la cabeza, donde una plataforma de observación ofrece vistas panorámicas de la estepa infinita, el río y las colinas lejanas. Es un momento para imaginar las hordas mongolas cabalgando por esas mismas tierras.
Museo, souvenirs y más
El complejo no se limita a la estatua. Hay un museo arqueológico en la base, con exposiciones sobre la Edad del Bronce y la cultura xiongnu, mostrando utensilios cotidianos, hebillas de cinturones, cuchillos y animales sagrados. Otra sección cubre la era del Gran Kan, con herramientas antiguas, objetos de orfebrería, cruces nestorianas y rosarios que ilustran el intercambio cultural a lo largo de la Ruta de la Seda.


Foto: X / @dabi_otc

También encontrarás retratos de la línea de kanes, un restaurante en el segundo piso que sirve platos tradicionales como buuz (empanadas de carne) o khorkhog (cordero cocido con piedras calientes), y tiendas de souvenirs con artesanías mongolas. Para una experiencia más interactiva, puedes probarte trajes tradicionales mongoles, posar con un águila dorada o un buitre en el brazo (un clásico para fotos), o incluso montar en camello o practicar tiro con arco a caballo, aunque estos tienen costos extras, como 10,000 tugriks por unas flechas.
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Llegar allí es sencillo pero requiere planificación, ya que no hay transporte público directo. Desde Ulan Bator, toma un taxi o únete a un tour organizado, que dura unas 3-4 horas ida y vuelta, y cuesta entre 20 y 50 dólares por persona, incluyendo transporte y guía. El camino es pavimentado y toma cerca de una hora, pasando por paisajes que te hacen sentir en otro tiempo. Si vas en verano, el clima es ideal para explorar; en invierno, abrígate bien contra el frío. Muchos combinan la visita con el Parque Nacional Gorkhi-Terelj, cercano, para un día completo de aventura.

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Para cerrar
Más allá de su tamaño imponente, esta estatua captura el espíritu de Gengis Kan: un guerrero nómada que unió pueblos y fomentó el comercio y la tolerancia religiosa. Su legado genético se extiende por Asia, y el monumento invita a reflexionar sobre cómo un chico llamado Temujin se convirtió en el conquistador del mundo. Visitarlo no es solo ver metal y piedra; es conectar con una historia que moldeó continentes, en un lugar donde el viento de la estepa susurra cuentos antiguos. Si estás en Mongolia, no te lo pierdas: es una ventana al pasado que te deja con una sensación de grandeza y humildad.
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