El Salto de Eyipantla se encuentra en el corazón de la región de Los Tuxtlas, en Veracruz, donde el río Grande de Catemaco se lanza desde lo alto formando una cascada imponente. Este lugar forma parte de un ecosistema tropical húmedo que combina selva baja y mediana perennifolia, con suelos ricos y un clima cálido que mantiene todo verde todo el año.
La vegetación es densa y variada. Alrededor de la caída de agua y en las laderas cercanas crecen árboles altos como el pochote, ceibas gigantes con sus troncos anchos y raíces expuestas, higueras que se enredan entre sí y palmeras que dan sombra fresca. Hay helechos enormes colgando de las ramas, orquídeas silvestres escondidas entre la maleza y plantas trepadoras que cubren rocas y troncos. Muchas de estas especies son exclusivas de esta zona, como ciertas begonias y ruellias que solo se encuentran en los Tuxtlas.

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La fauna aprovecha esta abundancia. En las copas de los árboles se escuchan los monos aulladores anunciando su territorio con gritos profundos que resuenan por todo el valle. Por las noches salen armadillos, tejones y tlacuaches buscando comida entre las hojas caídas.
Entre los mamíferos más esquivos están el venado cola blanca y, con mucha suerte, algún ocelote o jaguarundi que se mueve sigiloso. Las aves son incontables: garzas que pescan en los charcos que deja el río, tucanes con sus picos coloridos, loros y guacamayos que cruzan el cielo, y cientos de especies pequeñas que llenan el aire con trinos y cantos diferentes al amanecer y al atardecer. En el agua misma viven peces nativos y anfibios que cantan cuando llueve.

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¿Qué hacer en el Salto de Eyipantla?
El Salto de Eyipantla es uno de esos rincones de Veracruz que te dejan con la boca abierta desde el primer momento. Ubicado en la zona de Los Tuxtlas, cerca de San Andrés Tuxtla, esta cascada de unos 50 metros de alto y 40 de ancho es un espectáculo natural que atrae a gente de todas partes. El agua cae con fuerza desde el Río Grande de Catemaco, creando una niebla constante que refresca el aire y hace que todo alrededor se sienta vivo.
Si estás pensando en visitarlo, hay un montón de cosas que puedes hacer para aprovechar al máximo el día, desde opciones relajadas hasta otras más aventureras. Todo depende de tu energía y de lo que te apetezca en ese momento.

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Una de las primeras actividades que casi todos hacen es simplemente admirar la cascada desde el mirador superior. Es el punto de entrada principal, y desde ahí tienes una vista panorámica impresionante. Puedes pararte en la barandilla, sentir el rugido del agua y ver cómo el chorro se divide en tres partes, que es lo que le da nombre al lugar en náhuatl: “tres chorros”. El paisaje alrededor es puro verde, con selva tropical que se extiende por las laderas.
Es ideal para quienes prefieren algo tranquilo; solo necesitas unos minutos para absorber la belleza, pero muchos se quedan más tiempo, dejando que la brisa cargada de humedad les quite el calor del camino. Si vas temprano por la mañana, la luz del sol juega con el agua y crea arcoíris en la niebla, lo que lo hace perfecto para un momento de reflexión o para conectar con la naturaleza sin esfuerzo.

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¿Qué más?
Si te animas a algo más físico, bajar los escalones hasta la base de la cascada es una experiencia inolvidable, aunque últimamente ha habido algunas restricciones por temas locales con los dueños de la tierra. Hay unos 244 peldaños que descienden en zigzag por la ladera, rodeados de vegetación densa como helechos y bambúes.
El descenso no es demasiado complicado si estás en forma, pero el regreso sí puede dejarte jadeando un poco, especialmente con la humedad. Abajo, el estruendo es ensordecedor y la brisa te empapa por completo, como si estuvieras en una ducha natural. Ahí puedes acercarte lo más posible al pie de la caída, sentir el poder del agua y hasta refrescarte con el rocío.
Algunos visitantes cuentan que es como entrar en otro mundo, con el sonido ahogando todo lo demás y la frescura revitalizante. Solo recuerda llevar zapatos cómodos y antideslizantes, porque los escalones pueden estar mojados.
Para los amantes de la fotografía, este sitio es un paraíso. Puedes capturar la cascada desde ángulos diferentes: desde arriba para panorámicas amplias, o desde abajo para tomas dramáticas con la niebla envolviendo todo. La luz cambia a lo largo del día, así que si vas al atardecer, los tonos dorados hacen que las fotos salgan mágicas. Muchos llevan drones para vistas aéreas, pero hay que respetar las normas locales para no molestar a la fauna. Y hablando de eso, observar la flora y fauna es otra actividad genial que no requiere mucho esfuerzo.
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Naturaleza en cada rincón
El área es parte de la Reserva de la Biosfera Los Tuxtlas, así que mientras caminas por los senderos cercanos, puedes ver aves como tucanes o garzas volando alrededor, monos aulladores en los árboles o incluso mariposas de colores vibrantes. Es un buen momento para un paseo corto, identificando plantas como orquídeas silvestres o ceibas gigantes.
Si te interesa más, únete a un guía local que te cuente las leyendas: se dice que aquí vivía Tláloc, el dios de la lluvia, y que los antiguos hacían ofrendas en el lugar. Estos relatos prehispánicos le dan un toque místico al paseo.
No todo es naturaleza pura; también hay opciones para relajarte con algo de cultura y comida. En la zona de arriba, cerca del estacionamiento, encontrarás puestos y restaurantes informales donde probar platillos veracruzanos.

Foto: X / @MaxiCalypseVT
Para cerrar en el Salto de Eyipantla
Imagina sentarte con un plato de volován relleno de jamón, queso o piña, acompañado de un café fresco. O pide mariscos locales, como camarones al mojo de ajo, aprovechando que estás cerca del Golfo. Mientras comes, puedes charlar con los vendedores, que a menudo venden artesanías como collares de semillas o cigarros hechos a mano –San Andrés es famoso por su tabaco–. Si vas en grupo, es un buen rato para compartir historias o planear el resto del día.
Si buscas algo más aventurero, considera explorar los caminos aledaños a pie o incluso a caballo, como hacen algunos locales. Hay senderos que te llevan por la selva, donde puedes descubrir riachuelos menores o vistas ocultas de la cascada. Aunque no es tan común, en el pasado algunos llegaban montados desde pueblos cercanos, cruzando la jungla para un toque de aventura.
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Y si el sitio permite acceso al agua, refrescarte en los pozos naturales al pie es refrescante, aunque siempre con precaución por la corriente. Recuerda que el clima es húmedo todo el año, así que lleva repelente de insectos y ropa ligera que se seque rápido.
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