El Parque Nacional Voyageurs es un rincón del norte de Minnesota donde el bosque boreal del sur se mezcla con toques de bosque templado, creando un mosaico brutal de vida. Imagínate: más de mil especies de plantas repartidas entre lagos, pantanos, rocas y bosques densos.

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Hay pinos blancos y rojos altísimos, abetos, pinos jack, abedules, álamos y arces rojos que pintan el paisaje de verde oscuro y toques dorados en otoño. En los suelos húmedos crecen más de 400 flores silvestres: desde las delicadas zapatillas de dama rosadas en primavera hasta asters y violetas que explotan en color según la estación. Los arándanos, frambuesas y fresas silvestres tapizan el suelo, junto a avellanos y bayas de oso que los osos devoran sin parar.

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Los humedales son otro mundo: pantanos con musgos, helechos (más de 40 especies), juncos, ciperáceas y más de 200 gramíneas que sostienen todo. Ahí el arroz silvestre y plantas acuáticas resistentes al frío mantienen el equilibrio.
En cuanto a animales, hay más de 50 mamíferos: lobos grises que aúllan de noche, osos negros que merodean por bayas, alces imponentes en los bordes de los lagos, castores construyendo presas como ingenieros locos, nutrias juguetonas que se deslizan por el agua, linces esquivos y zorros. Las aves son una locura: más de 240 especies, con águilas calvas posadas en pinos muertos, somorgujos comunes llamando en los lagos al atardecer, garzas, búhos y un montón de pájaros cantores del norte.

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Peces como el lucio norteño, walleye, esturiones antiguos y cientos más nadan en esas aguas cristalinas. Anfibios y reptiles completan el cuadro: ranas, sapos, salamandras, tortugas pintadas y snapping turtles que pesan como perros pequeños.
¿Qué hacer en el Parque Nacional Voyageurs?
Si vas a Voyageurs, olvídate de carreteras y multitudes. Este parque es puro agua: cuatro lagos gigantes que se abrazan entre islas y bahías, y la mejor forma de vivirlo es subiéndote a algo que flote. La estrella absoluta es la houseboat. Alquilas una casa flotante fuera del parque (hay varias empresas en International Falls o Kabetogama), la cargas de comida y cervezas, y te vas a navegar a tu ritmo.

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Pasas días enteros yendo de un sitio de camping a otro —hay más de 270, muchos en islas privadas con fogón y postes para amarrar—. Despiertas, sales a la cubierta con el café en la mano y ves el sol reflejado en el agua como si fuera oro líquido. Por la tarde bajas en la lanchita pequeña que viene incluida, exploras calitas escondidas o llegas al Kettle Falls Hotel, un sitio histórico que parece sacado de 1900, donde comes hamburguesa con vistas al dique. O paras en los Ellsworth Rock Gardens y te quedas flipando con las esculturas de piedra que un jardinero loco hizo en los años 40.

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Si no quieres algo tan grande, alquila kayak o canoa. Las bahías tranquilas de Ash River son ideales para remar sin prisa. Puedes pasar por Junction Bay y descubrir una cascadita escondida, o meterte en la cadena de lagos interiores de Kabetogama, donde parece que nadie ha estado nunca. Hay quien se apunta a los tours guiados con rangers disfrazados de voyageurs: remas en una canoa gigante de 8 metros, aprendes canciones francesas del siglo XVIII y sientes que viajas en el tiempo. Brutal.

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Pesca y naturaleza
Los pescadores van locos aquí, ya que pueden capturar especies de peces como walleye, lucio, black bass… las aguas están llenas. Muchos contratan guía local un día y vuelven con la nevera repleta. Y si te gusta caminar, aunque el parque es 30 % tierra, hay senderos chulos.
Cerca de Ash River está el Blind Ash Bay Trail: fácil, cortito, con vistas al lago y muchas chances de ver castores trabajando. El Kab-Ash es más largo y cruza bosques densos. En Rainy Lake tienes el Black Bay Beaver Pond, donde terminas frente a una presa de castores como si estuvieras en un documental.

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Algunos trails solo se alcanzan en bote, como el Anderson Bay Loop: llegas, subes y de repente tienes una panorámica que te deja mudo.
En verano los rangers ofrecen tours en barco desde los centros de visitantes. El Grand Tour por Rainy Lake dura 2.5 horas y te cuenta historias de mineros y tramperos mientras buscas águilas. El de Kettle Falls dura 6.5 horas y termina comiendo en el hotel histórico. En Kabetogama el tour a los Rock Gardens es cortito pero inolvidable.

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Invierno en el Parque Nacional Voyageurs
Cuando llega el invierno, el parque se transforma. Los lagos se congelan y abren ice roads donde puedes ir en tu propio coche (límite 30 mph). Hay 110 millas de trails para snowmobile, perfectamente marcados. Para esquí de fondo o raquetas tienes el Echo Bay o el Tilson Connector. Alquilan equipo gratis en el Rainy Lake Visitor Center (solo pagas 10 dólares). La pesca en hielo es legendaria: montas tu casita y esperas al walleye. Y para los peques (o los que seguimos siendo niños), está la colina de sledding en Sphunge Island, con fogón y pista de patinaje en el hielo.

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Para cerrar
Al final del día, sea verano o invierno, te sientas fuera y miras al cielo. Porque Voyageurs es International Dark Sky Park: estrellas que parecen que las puedes tocar y, con suerte, la aurora bailando verde sobre los pinos. No hay fuegos artificiales ni conciertos. Solo tú, el agua (o el hielo), el silencio y esa sensación rara de que el mundo sigue girando pero aquí, por un rato, te deja en paz.
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Eso es Voyageurs. No es un parque para hacer lista de cosas. Es para vivirlo despacio, con el viento en la cara y el corazón un poco más grande cuando te vas.
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