En el año en que el turismo mundial finalmente recuperará los niveles previos a la pandemia, México se encuentra ante una oportunidad estratégica sin precedentes: consolidarse como un referente global en turismo médico.
Las proyecciones estiman la llegada de más de dos millones de viajeros que buscarán atención de salud accesible y de calidad. Sin embargo, para capitalizar plenamente este potencial, es indispensable replantear el enfoque tradicional. En lugar de intentar competir frontalmente con los servicios de alta especialidad de países como Estados Unidos y diversas naciones europeas —cuyos costos suelen estar cubiertos por seguros públicos y privados—, México puede y debe apostar por las ventajas competitivas que le son propias: su riqueza en medicina tradicional, sus prácticas de rehabilitación integral y su creciente oferta orientada al envejecimiento activo y al bienestar multidimensional.
Desde la firma del Tratado de Libre Comercio en 1994, el país concentró su desarrollo en áreas como odontología, cirugía bariátrica, ortopedia, oncología y fertilidad. Estas especialidades han generado importantes beneficios, pero también han creado una dependencia poco sostenible, pues están fuertemente influenciadas por regulaciones externas, fluctuaciones en seguros internacionales y políticas sanitarias ajenas a nuestro control. Frente a este escenario, México tiene la posibilidad de construir un modelo propio, menos vulnerable y más alineado con su identidad cultural y sanitaria.
La alternativa inteligente consiste en orientar la estrategia hacia un esquema centrado en la rehabilitación y en la medicina tradicional, con énfasis especial en la herbolaria. México posee una herencia invaluable en este campo: una profunda tradición de medicina herbolaria, el uso ancestral del temazcal, técnicas de masaje terapéutico, prácticas prehispánicas estructuradas y un sistema de curanderismo que, adecuadamente normado, puede integrarse de manera formal a la atención de salud.
A esto se suma la notable concentración de especialistas en fitoterapia que existe en el país, lo que nos otorga una posición privilegiada en el escenario internacional.
La Organización Mundial de la Salud reconoce más de treinta prácticas de la medicina tradicional como parte integral de los sistemas sanitarios formales. México destaca entre las naciones con mayor potencial para expandir esta área, pero enfrenta retos pendientes: desarrollar estándares sólidos, generar certificaciones confiables y producir evidencia científica que respalde la seguridad y eficacia de estas prácticas.
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México lidera en turismo médico global con enfoque en medicina tradicional, destacando su herencia cultural, pero enfrenta retos por falta de estadísticas
Integrar la medicina tradicional y la herbolaria con bases científicas, protocolos actualizados y técnicas certificadas es, sin duda, una de las grandes oportunidades de este 2026. Implica redirigir la estrategia turística hacia sectores donde México tiene ventajas estructurales que superan a competidores como Costa Rica, Colombia, Turquía e India. Además, la fitoterapia y sus aplicaciones podrían detonar un turismo de bienestar integral, articulado con infraestructura hotelera, centros de recuperación y servicios complementarios.
Aunque el turismo médico de alta especialidad continuará siendo relevante, no debe constituir el eje estratégico del país. México puede construir un ecosistema propio, sostenible y rentable, particularmente en regiones con riqueza cultural y natural excepcionales como Chiapas y Yucatán. No necesitamos imitar a Houston o Londres; necesitamos desarrollar nuestro propio modelo de salud, basado en nuestras fortalezas y en la creciente demanda global de bienestar auténtico y accesible.
Feliz 2026.




