Por Alejandro Ortega
Disfrutando el gran continente asiático, nuestra aventura comenzó con un vuelo de aproximadamente seis horas desde Seúl, Corea del Sur, hasta esta histórica ciudad amurallada en el norte del país. Volamos en una aerolínea low cost por alrededor de 2 mil 500 pesos, una ruta cada vez más común entre viajeros que inician su recorrido por el sureste de Asia.
¿Y qué es lo primero que muchos hacemos al llegar a un nuevo destino internacional? Antes de cualquier paseo o primer bocado, hay un ritual inevitable: conseguir efectivo. Al aterrizar en Chiang Mai, fue fácil encontrar algunos cajeros para cambio de divisas sin siquiera salir del aeropuerto, lo que nos permitió retirar bahts (฿), la moneda local. Un detalle más útil de lo que se imagina, especialmente en mercados, templos y pequeños establecimientos donde las tarjetas aún no forman parte del día a día.

Foto: Marcio Pego / Unsplash
Llegar a nuestro alojamiento en Chiang Mai fue de lo más sencillo. La ciudad ofrece varias opciones de transporte accesibles, pero una de las más prácticas es Grab, la versión asiática de Uber.
Por alrededor de 110 pesos, llegamos directamente desde el aeropuerto hasta el casco antiguo, una de las mejores zonas para hospedarse. Aquí, la oferta de alojamiento es amplia y para todos los presupuestos, con hoteles desde 600 pesos por noche en habitación doble, por ejemplo. Pero en nuestro caso, al viajar en grupo de tres, elegimos un Airbnb por 440 pesos por persona por noche, con una ubicación estratégica, perfecta para moverse a pie y dejarse perder entre sus calles.

Foto: Marcio Pego / Unsplash
Entre woks, curry y arroz en Chiang Mai
¿Podemos hablar ya de la increíble oferta gastronómica que define a esta región del país? Porque una vez instalados en el alojamiento, lo siguiente fue inevitable: salir a buscar algo para comer. Y aquí, eso nunca representó un problema.

Foto: Marcio Pego / Unsplash
La variedad es tan amplia como accesible: restaurantes locales, puestos callejeros, food trucks y los innumerables 7-Eleven repartidos por la ciudad. Aunque para muchos las tiendas de conveniencia puedan parecer una opción impensable, en Tailandia vale la pena darles una oportunidad. Son prácticas, económicas y sorprendentemente buenas: desde sándwiches calientes o arroz con pollo, hasta bollos rellenos, Thai Tea o la cerveza nacional Chang, con precios que pueden comenzar desde los 20 pesos.
Y si se busca algo más elaborado, también es posible sentarse a la mesa en restaurantes reconocidos por la Guía Michelin desde 200 pesos, como es el caso de Ginger Farm Kitchen, donde descubrimos la cocina del norte en versiones más refinadas.

Foto: Marcio Pego / Unsplash
En sus menús aparecen preparaciones emblemáticas como el aromático caldo Khao Soi, currys con camarones o pescado del día, ensaladas tibias de mariscos y arroces fragantes con cerdo o pollo, siempre elaborados con ingredientes frescos, una presentación cuidada y un servicio siempre cálido que acompaña la experiencia. Pero quien realmente se lleva la corona es la comida callejera.

Foto: Marcio Pego / Unsplash
Caminar, comer y entender
Al caer la tarde, las calles se transforman en una sucesión de aromas, woks encendidos y puestos improvisados donde todo sucede a la vista. Fue ahí donde probamos algunos de los clásicos más queridos: un Pad Thai recién hecho, el infalible cerdo crujiente con arroz y, como postre, mango sticky rice. Nos quedó muy claro que los tailandeses aman mucho las preparaciones con arroz, así como la leche y crema de coco.
Comer así —de pie, compartiendo mesa o simplemente caminando— es parte esencial de la experiencia de la cocina local y su ritmo cotidiano. Después de probar tantos sabores en la calle, surge casi de manera inevitable la curiosidad por entenderlos. No basta con comerlos: nace el deseo de descubrir qué hay detrás de cada platillo, de cada aroma y de ese equilibrio tan característico entre lo dulce, lo ácido y lo picante.



Foto: Marcio Pego / Unsplash


Te recomendamos:

¿Cómo llegar a la Isla Koh Nang Yuan, la más bonita de Tailandia?
En la isla Koh Nang Yuan podrás contemplar impresionantes paisajes, practicar snorkel y muchas actividades más, no dudes en visitar este paradisiaco destino
Fue así como decidimos tomar una clase de cocina tailandesa, una de las experiencias más enriquecedoras del viaje, pero de ella te platicaremos en la siguiente edición de esta aventura gastronómica por Tailandia.
Si quieres conocer más de México lee nuestra revista mensual y suscríbete a nuestro canal de YouTube:




