La presa de El Villar, en el río Lozoya (Sierra Norte de Madrid), se ha convertido estos días en un auténtico imán para los visitantes. El motivo: un impresionante desembalse de agua que muchos madrileños han querido presenciar en directo.
Según datos del Canal de Isabel II, que gestiona 13 embalses en la Comunidad de Madrid, El Villar supera el 104% de su capacidad. Para recuperar espacio útil y prepararse de forma segura ante el deshielo primaveral y posibles nuevas lluvias, la presa libera actualmente 90 metros cúbicos de agua por segundo a través de su aliviadero.
El resultado es una cascada de gran fuerza que genera un ruido ensordecedor y levanta nubes de vapor, especialmente visible con el sol y el viento frío que ha acompañado los últimos días. El agua descargada provoca crecidas controladas en el cauce del río, que luego se dirige hacia el embalse de El Atazar.
Este fenómeno no es exclusivo de El Villar. Otras nueve presas del Canal también están desembalsando por motivos de seguridad hidrológica, entre ellas Pinilla, Riosequillo, Puentes Viejas, El Atazar, Pedrezuela, El Vado, Manzanares El Real, La Jarosa y Navalmedio. En total, los embalses madrileños rondan el 85% de llenado medio, con varios por encima del 90% (como Santillana al 92% o Valmayor al 97%).
A pesar del frío, numerosas personas se han acercado al lugar aprovechando el buen tiempo. Algunos se quedan impresionados por la potencia del agua. “No cabe una gota más”, comentaba una vecina, mientras otra añadía que “impone mucho” ver semejante caudal.
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El Canal de Isabel II insiste en que estos desembalses son maniobras planificadas y necesarias para evitar riesgos en las infraestructuras y en los cauces. Aunque generan un espectáculo visual impresionante, el agua no se pierde: sigue siendo aprovechable río abajo. Las previsiones indican que los caudales irán disminuyendo en los próximos días conforme cesen las lluvias y avance el deshielo.
Este episodio recuerda cómo la naturaleza y la gestión del agua pueden ofrecer imágenes espectaculares incluso en pleno invierno, atrayendo a curiosos dispuestos a contemplar uno de los fenómenos más potentes de la sierra madrileña.
