Recién comienza el año y con él llegan las ganas de viajar, de hacer una pausa y regalarse un respiro diferente. Es ese impulso viajero el que invita a buscar un destino con historia, con alma y que se sienta auténtico desde el primer momento. En el corazón de Valladolid, una de las ciudades coloniales más encantadoras de México, el Hotel Mesón del Marqués se presenta como un guardián del tiempo: cálido, elegante y profundamente ligado a la esencia del Mundo Maya.
Con casi seis décadas de historia, el Mesón del Marqués es mucho más que un hotel. Ha sido testigo del crecimiento turístico de Valladolid y un anfitrión que ha sabido transformarse sin perder su esencia. Su hogar es una casona del siglo XVII cuidadosamente conservada, donde cada arco, patio y rincón mantiene viva la tradición. Aquí, la historia no se mira desde lejos, se vive en cada paso.
Recorrer sus pasillos es dejarse envolver por la arquitectura colonial, que recibe al viajero con una mezcla de calma y nostalgia. Es uno de esos lugares donde el tiempo parece ir más lento, donde la luz entra con suavidad por las ventanas antiguas y el silencio se siente reconfortante.
Las 85 habitaciones del Mesón del Marqués están pensadas para quienes buscan algo más que solo descansar. Son espacios que invitan a quedarse, a bajar el ritmo y a disfrutar el momento. Cada una combina el encanto colonial con las comodidades actuales: descanso profundo, ambientes cálidos y detalles que hacen que la estancia se sienta cercana y personal.
Ya sea un viaje en familia, en pareja o por trabajo, la experiencia se adapta al ritmo de cada huésped. Todo está diseñado para que quien se hospeda se sienta parte de la historia, sin renunciar al confort del presente.
Valladolid es un punto donde convergen culturas, épocas y paisajes. Y el Mesón del Marqués es la puerta perfecta para descubrirlo. A solo media hora se encuentran Chichén Itzá y Ek Balam, dos de las zonas arqueológicas más impresionantes del país. Muy cerca también esperan cenotes de aguas cristalinas, conventos llenos de historia y rutas gastronómicas que celebran los sabores del sureste mexicano.
Desde el hotel, cada aventura comienza con facilidad. Basta salir a la calle para sentir la energía de la ciudad, entre colores vivos, aromas tradicionales y una vibra que mezcla lo ancestral con lo actual.
El hotel, además, es un destino gastronómico por derecho propio.
En el Rooftop Don Diablo, los atardeceres se disfrutan de forma especial. La vista hacia la iglesia de San Servacio es inolvidable y el ambiente moderno invita a brindar, conversar y dejar que el día termine sin prisas.
Por su parte, la Hostería del Marqués ofrece una experiencia que despierta los sentidos. Su cocina combina sabores locales e internacionales en un espacio lleno de historia. Desde su terraza, el parque Francisco Cantón Rosado se convierte en un escenario vivo, con familias paseando y la vida cotidiana de Valladolid fluyendo frente a la mesa. Aquí, cada comida se transforma en un recuerdo.
Y para quienes viajan con amigos o en pareja, el cierre perfecto de la noche está en el Almacén del Marqués, un bar speakeasy escondido entre los muros del hotel. Es un espacio donde el diseño, la música y la mixología de autor se unen para crear una experiencia íntima y especial.
El Mesón del Marqués no solo ha sabido resistir el paso del tiempo, también ha aprendido a caminar junto a él. Su legado histórico, su mirada contemporánea y una hospitalidad que honra las raíces yucatecas lo consolidan como uno de los grandes anfitriones del sureste mexicano.
Es un lugar donde pasado y presente conviven en armonía, donde cada estancia se siente diferente y donde el viajero encuentra algo más que descanso: encuentra inspiración.
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Valladolid espera con los brazos abiertos. Y el Mesón del Marqués también.
Si hacía falta una señal para planear la próxima escapada, esta es. Valladolid tiene una magia que enamora, y el Mesón del Marqués es el sitio ideal para vivirla desde adentro, un refugio colonial que invita a reconectar, explorar y dejarse sorprender por la belleza del Mundo Maya.






