Viajar ya no se trata solo de llegar a otro lugar. Para el viajero de 2026 significa decidir cómo quiere sentirse, a qué ritmo vivir la experiencia y qué tipo de conexión desea crear con el destino. En este contexto, Colima surge de forma natural como un lugar que encaja con las tendencias que hoy marcan al turismo y con las nuevas formas de viajar.
Una de las tendencias más evidentes es la búsqueda de destinos poco saturados. Ante playas llenas y ciudades abarrotadas, Colima ofrece espacios abiertos, tranquilidad y una relación más cercana con el entorno. Sus comunidades mantienen vivas tradiciones muy arraigadas, como Ixtlahuacán con la fiesta de los Chayacates o Armería y su herencia salinera. A esto se suman paisajes que invitan a disfrutar sin prisa: volcanes imponentes, lagunas tranquilas y humedales con aguas termales. Manzanillo logra un equilibrio especial, combinando la actividad de un puerto dinámico con playas amplias, atardeceres calmados y experiencias locales donde el visitante participa y no solo observa.
Otra tendencia fuerte es el viaje consciente y enfocado en el bienestar. El viajero actual busca descanso real, contacto con la naturaleza y experiencias que aporten equilibrio físico y emocional. Colima responde a este interés con su geografía volcánica, zonas rurales, senderos y escenarios naturales que invitan a reconectar. Además, conserva prácticas ancestrales como los temazcales y el uso de la medicina herbolaria, especialmente en comunidades como Suchitlán, donde estas tradiciones siguen siendo parte de la vida cotidiana.

Foto: Subsecretaría de Turismo de Colima
La autenticidad se ha vuelto un valor esencial. En 2026, el viajero quiere entender cómo viven las personas del lugar, qué comen, qué celebran y cómo se relacionan con su entorno. Colima mantiene una identidad cultural fuerte y cercana. Su gastronomía cotidiana incluye sopitos, pozole, seco, ponche y una gran variedad de mariscos. Pueblos como Comala conservan su tradición panadera, mientras que recorridos como la Ruta del Café o la Ruta del Agave permiten caminar entre campos colimenses y conocer directamente el trabajo de productores y campesinos.
El turismo activo y de naturaleza también ocupa un lugar importante en las nuevas preferencias. Actividades como senderismo, surf, ciclismo, avistamiento de aves o recorridos rurales son cada vez más buscadas. Colima concentra todas estas experiencias en distancias cortas, lo que facilita vivir varias actividades sin largos traslados ni agendas rígidas, algo muy valorado por quienes prefieren viajes flexibles y espontáneos.
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Por último, el viajero de 2026 busca destinos que ayuden a desconectarse sin sentirse aislado. Lugares donde la tecnología no sea el centro y la experiencia tenga más peso. Colima ofrece ese equilibrio: la conectividad necesaria, pero también la invitación constante a mirar el paisaje, sentarse a la mesa, caminar sin prisa y disfrutar cada momento.
La diversidad y el estilo de vida colimense hacen del destino una opción adaptable a distintos perfiles de viajero. Esa versatilidad le permite responder a diferentes expectativas y alinearse con lo que hoy se busca al viajar: experiencias auténticas, equilibrio personal y una conexión real con el territorio.





