En medio del movimiento constante y la energía que se vive en Puerto Vallarta, hay un espacio natural que late al mismo ritmo de la ciudad y, al mismo tiempo, la cuida. El Estero El Salado es un refugio ambiental único en México y el único manglar urbano protegido de toda América Latina, una prueba clara de que la naturaleza y el desarrollo pueden coexistir en equilibrio.
Como sucede con todos los manglares, El Salado es esencial para el medio ambiente, ya que ahí inicia gran parte de la vida marina. Además, alberga una biodiversidad sorprendente: se han registrado 99 especies de aves, 46 de plantas, 10 de mamíferos y 29 de anfibios y reptiles, además de múltiples peces y crustáceos que encuentran en este lugar alimento y protección.
Este manglar también cumple una función clave para la salud ambiental de Puerto Vallarta. Sus raíces forman una barrera natural que ayuda a prevenir inundaciones, reduce el impacto de las tormentas y filtra el agua antes de que llegue al mar. Gracias a este proceso natural, El Salado protege las playas y contribuye a la conservación de la Bahía de Banderas.
Toda esta riqueza convierte al estero en un espacio vivo, perfecto para la educación ambiental, la investigación científica y el turismo de naturaleza realizado de manera responsable.
El Estero El Salado también influye de forma directa en el clima local. La vegetación del manglar captura carbono, refresca el entorno urbano y mejora la calidad del aire, generando beneficios tanto para quienes viven en la ciudad como para quienes la visitan. Su existencia es un recordatorio de lo importante que es cuidar los ecosistemas naturales, incluso en zonas con alto desarrollo.
Por esta razón, desde el año 2000 fue declarado Área Natural Protegida bajo la categoría de zona de conservación ecológica. Como parte de su compromiso con el cuidado ambiental, el Gobierno de Jalisco decretó en 2020 la ampliación de su superficie, que pasó de 168 a 208.2 hectáreas.
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Puerto Vallarta encuentra en El Salado un claro ejemplo de sostenibilidad y respeto por la naturaleza. Proteger este estero significa conservar un ecosistema único y, al mismo tiempo, cuidar la esencia natural del destino y su futuro. En cada recorrido guiado, en cada ave que surca el cielo y en cada mangle que se mantiene firme, El Salado confirma su papel como el gran pulmón que da vida a la ciudad.







