Si hay un lugar en Colima donde la cocina se vive con orgullo, ese es Tecomán. En este valle, el mar, la tierra fértil y la cultura se combinan para dar vida a platillos que ya son parte de su identidad. Más allá de sus playas de arena volcánica, los atardeceres pintados de naranja o las ramadas donde siempre hay mariscos frescos, la gastronomía local guarda algo muy especial: los entamalados, una mezcla curiosa entre tamal y taco que sorprende desde el primer bocado.
Los entamalados nacieron en Tecomán, Colima, y su nombre lo dice todo: son una fusión entre dos clásicos mexicanos. Se preparan con tortillas que se pasan apenas por aceite para suavizarlas, luego se rellenan con carne, casi siempre de cabeza de res o de cerdo bien cocida y deshebrada, y se bañan en salsa verde. Después, esos tacos se envuelven con cuidado en papel aluminio y se cocinan al vapor. El resultado es una textura suave, esponjosa y jugosa. Al servirlos, se acompañan con cebolla, cilantro, lechuga y rábanos, que aportan frescura y equilibrio.
Más que un antojo callejero, los entamalados reflejan el carácter gastronómico de la región. Son una forma muy local de reinterpretar la tradición del tamal mexicano, tomando lo de siempre y transformándolo en algo propio, con sabor a casa y a comunidad.
No hay una fecha exacta que marque su origen, pero con el tiempo los entamalados se han convertido en un emblema de Tecomán y de la región colimense. Aunque no son un platillo antiguo, su sabor y su forma de prepararse les han ganado un lugar especial tanto entre los habitantes como entre quienes llegan de visita.
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Probarlos es casi una parada obligada para cualquiera que pisa Tecomán, porque en ellos se concentra la esencia de su cocina. Y ya que se está ahí, vale la pena seguir el recorrido por lugares como las playas de El Real y Boca de Pascuales, además de los esteros, manglares y paisajes rurales que completan la experiencia.






