Zona Arqueológica de Cacaxtla: arte milenario en Tlaxcala
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Zona Arqueológica de Cacaxtla: arte milenario en Tlaxcala

La Zona Arqueológica de Cacaxtla revela murales únicos y vistas al Popo e Iztaccíhuatl, junto a Xochitécatl: poder, ritual y paisaje en un solo viaje

Por: México Ruta Mágica Publicado: 26/02/2026


Zona Arqueológica de Cacaxtla: arte milenario en Tlaxcala

La Zona Arqueológica de Cacaxtla empezó a tomar forma mucho antes de lo que imaginamos. Allá por el 1200 a.C. ya había gente en el valle Puebla-Tlaxcala dejando rastros, pero el verdadero arranque del sitio que conocemos llega entre el 400 y 500 d.C., cuando sobre un cerro alto y estratégico comienzan a levantar estructuras administrativas.

Foto: X / @aldo_sauza

Cerca, Xochitécatl ya era un viejo centro ceremonial desde el Formativo (600 a.C. aprox.), con pirámides como la Espiral o la de las Flores, enfocado en rituales de fertilidad y lluvia.

El boom real llega en el Epiclásico, entre 650 y 900 (o hasta 950-1000 d.C. según algunos). Tras el colapso de Teotihuacán y el debilitamiento de Cholula, el valle se queda sin un poder dominante y surge Cacaxtla como el nuevo jugador fuerte: una urbe política, militar y comercial que controló la región.

Foto: X / @Cuauhtemoc_1521

Los olmeca-xicalancas —un grupo que probablemente llegó del sur, con raíces en la costa del Golfo, Veracruz o Tabasco— toman las riendas. Eran gente conectada: rutas hacia el Golfo, Campeche, la cuenca de México. Eso les trajo riqueza, influencia y un ejército que les permitió dominar.

Construyeron el Gran Basamento: un montículo enorme con etapas superpuestas, plataformas, adoratorios y pirámides. Cada generación añadía encima de la anterior, como capas de una torta histórica. Ahí pintaron murales brutales: el de la Batalla, el Hombre Jaguar, el Guerrero Águila, el Templo Rojo… colores vivos, influencias mayas, teotihuacanas, del Golfo.

Foto: X / @cultura_mx

No eran solo decoración; eran propaganda de poder, victorias, alianzas y cosmovisión.

Alrededor del 900-1000 d.C. el sitio empieza a decaer. Erupciones del Popocatépetl, cambios políticos o simplemente el fin de una era lo dejan en el olvido.

¿Qué ver en la Zona Arqueológica de Cacaxtla?

Este lugar es como un libro abierto de hace más de mil años, pero con la ventaja de que puedes caminar entre sus páginas. Con un solo boleto (210 pesos general, 105 para nacionales y residentes) entras a las dos zonas y al museo. Abre todos los días de 9 a 17 h, último acceso a las 4 de la tarde.

Foto: X / @Calpordan

Llegas, pagas y lo primero que te recibe en Cacaxtla es ese techo metálico gigante, como una nave espacial posada sobre las ruinas. Protege el Gran Basamento, una mole de plataformas superpuestas que los antiguos fueron construyendo una encima de la otra, como quien arma una torta de mil capas. Ahí es donde empiezas a flipar (como dirían nuestros amigos españoles) de verdad. Camina despacio por las pasarelas y de pronto estás frente a los murales mejor conservados de todo Mesoamérica: colores que parecen pintados ayer.

Foto: X / @Calpordan

El Mural de la Batalla es una película de acción congelada: guerreros con trajes de jaguar y águila peleando cuerpo a cuerpo, lanzas volando, escudos chocando, sangre y victoria. Luego te topas con el Templo Rojo, lleno de figuras mitológicas, serpientes emplumadas y símbolos que hablan de rituales y poder. Sigue al Templo de Venus y al Pórtico A: ahí los detalles son tan finos que ves hasta las plumas, los collares y las expresiones de las caras. Todo en rojo vivo, azul maya intenso, amarillo y negro. No necesitas ser experto; solo paras, miras y sientes cómo esa gente del Epiclásico (650-900 d.C.) te está contando su vida: guerras, alianzas, comercio con el Golfo y la cuenca de México.

Foto: X / @Calpordan

¿Qué más?

Sube al punto más alto del basamento y voltea: el valle entero se abre ante ti, con el Popo y el Iztaccíhuatl de fondo. Es el lugar perfecto para sentarte un rato, respirar profundo y sacar fotos que van a romper tu Instagram. Lleva agua y sombrero, porque el sol pega, pero la brisa compensa.

Foto: X / @Calpordan

Cuando terminas en Cacaxtla (tarda fácil hora y media si vas sin prisa), tomas el auto o el transporte local y en menos de 10 minutos estás en Xochitécatl, arriba del cerro. Aquí el rollo cambia: es más antiguo, del periodo Formativo (600 a.C. aproximadamente), y todo gira alrededor de la fertilidad y la lluvia. La plaza central es tu punto de partida. Camina y sube la Pirámide de las Flores, dedicada a la diosa que traía buenas cosechas; luego la Pirámide de la Serpiente, imponente y recta; la Pirámide de la Espiral, que parece un caracol gigante (subir por ella es una experiencia rara y genial); y el Basamento de los Volcanes, con vistas 360° que te hacen sentir pequeñito.

Foto: X / SECTUR_mx

Todo está adaptado a la forma del cerro, con terrazas que antes eran huertos y casas. Te imaginas a las mujeres llevando ofrendas, bailando para llamar a la lluvia, y entiendes por qué este lugar tenía tanta magia. Desde arriba ves Cacaxtla a lo lejos y entiendes cómo las dos zonas funcionaban juntas: una era el poder político-militar, la otra el corazón espiritual.

Foto: X / @INAHmx

Para cerrar con tu visita a la Zona Arqueológica de Cacaxtla

Antes de irte, pasa por el Museo de Sitio de Xochitécatl (incluido en tu boleto). Ahí están las figurillas femeninas de barro que representan a la diosa de la fertilidad, vasijas, herramientas y hasta reproducciones de murales que te dejan ver detalles que en el sitio original ya no se aprecian tanto. Es chiquito pero súper claro, y te ayuda a armar todo el rompecabezas.

Foto: X / @openaddictionmx

¿Qué más puedes hacer? Recorrer a tu ritmo, sin prisas. Si quieres, pregunta en la entrada por guía (a veces hay disponibles o contratas tour desde Puebla o Tlaxcala). Lleva zapatos cómodos porque hay subidas, bloqueador, y si vas en grupo, lleven algo para picar y compartan el momento. Evita los fines de semana si odias las multitudes; entre semana es más tranquilo y personal.

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Al final del día sales con las piernas cansadas pero la cabeza llena de imágenes que no se borran: colores que sobrevivieron mil años, vistas que cortan el aliento y la sensación de haber tocado de verdad el pasado. Cacaxtla-Xochitécatl no es solo otro sitio arqueológico; es un lugar donde la historia se siente, se camina y se respira. Si estás cerca de Puebla o Tlaxcala, no lo pienses dos veces. ¡Te va a encantar!

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