Los turistas somos como un imán para los que buscan hacer negocio rápido. Llegamos con los ojos bien abiertos, llenos de ganas, pero también medio ciegos por la emoción y el descoloque. No conocemos las calles, el idioma nos patina un poco, el cambio de moneda nos marea y, encima, llevamos la billetera más floja porque “estamos de vacaciones, qué más da”.
Eso es justo lo que huele un estafador a kilómetros. Sabe que no vas a discutir por dinero porque no quieres arruinarte el día, que probablemente no regreses mañana a reclamar y que, total, mañana ya estás en otro lado. Entonces aparecen: el taxista del aeropuerto que “el taxímetro se descompuso pero te llevo barato”, el guía improvisado que te promete el spot secreto que nadie conoce (y que casualmente termina en la tienda del cuñado), el “amigo” que te invita a una fiesta exclusiva pero primero hay que comprar unas botellas carísimas.

Foto de Dimon Blr en Unsplash
Otro punto clave: bajamos la guardia. En casa somos precavidos, revisamos todo dos veces, pero de viaje nos da por confiar más de la cuenta. “Aquí todo es color de rosa”, pensamos, y justo ahí nos pillan. Además, en muchos lugares el regateo o el “turisteo” es casi tradición, pero ellos distinguen al novato del que ya le sabe el truco.
No es que seamos tontos, es que estamos fuera de órbita. Nos falta calle en ese contexto. La movida es simple: informarse antes, preguntar a varios locales de confianza, no aceptar lo primero que te lancen y, sobre todo, hacerle caso a esa vocecita interna cuando algo no cuadra.

Foto de Glenn Carstens-Peters en Unsplash
¿Cuáles son esas trampas para turistas más comunes?
Viajar es una de las mejores cosas que uno puede hacer, pero justo por eso los lugares más famosos se convierten en imanes para trampas. No siempre son estafas malintencionadas tipo robo o engaño directo; muchas veces son simplemente experiencias que te venden como “imperdibles” y terminan siendo caras, agobiantes o directamente decepcionantes. Y en 2025, con el turismo reventando récords (más de 1.500 millones de viajes internacionales), las cosas se han puesto peor en muchos sitios.
Piensa en sitios como Times Square en Nueva York: luces, pantallas gigantes, energía brutal… pero en reseñas miles lo llaman “sobrevalorado” y “trampa”. Es un caos de gente, sucio, ruidoso, y al final te vas pensando “¿para qué vine aquí?”. Lo mismo pasa con Checkpoint Charlie en Berlín: un pedacito de historia del Muro convertido en foto rápida con vendedores de uniformes falsos y puestos de souvenirs. Te esperas algo épico y te encuentras un mini-set para Instagram. O la Sirenita en Copenhague: una estatua chiquita en un muelle feo, que decepciona a casi todos los que llegan caminando media hora para verla.

Foto de Andre Benz en Unsplash
En Europa las Ramblas de Barcelona siguen siendo el clásico: llena de carteristas, restaurantes carísimos con menús trampa y artistas callejeros que te cobran por mirar. O el Parc Güell y la Sagrada Familia: colas eternas, entradas caras, aforo controlado y multitudes que no te dejan ni respirar para disfrutar de la belleza de Gaudí. En París, la Torre Eiffel es icónica, pero las filas de más de una hora, vendedores agresivos y precios altos la hacen sentir como una obligación más que un placer.
¿Y luego?
Más allá, Fisherman’s Wharf en San Francisco o Wall Drug en Dakota del Sur lideran rankings de “peor trampa” por ser sitios comerciales disfrazados de atracción: mariscos caros, tiendas de recuerdos idénticas y leones marinos que a veces ni están. Temple Bar en Dublín: pubs coloridos y fiesta, pero lleno de turistas borrachos y precios inflados, cero vibe local. Y no olvidemos las Ramblas o el Caminito en Buenos Aires: fachadas bonitas, pero detrás solo tiendas turísticas y restaurantes que cobran el triple.

Foto de Leonhard Niederwimmer en Unsplash
¿Por qué caemos tanto? Porque llegamos emocionados, con la cabeza en las nubes, sin mapa mental del lugar. Los estafadores (o simplemente los negocios listos) saben que no vas a regatear fuerte, que aceptas lo primero que te ofrecen y que “total, es una sola vez”. En 2026 se suman cosas nuevas: pases turísticos inflados que compras en el aeropuerto, “guías” que te llevan a tiendas del amigo, o incluso pulseras “gratis” que luego te cobran a la fuerza (clásico en Las Vegas o mercados).

Foto de David Lusvardi en Unsplash
Consejos para evitar las trampas para turistas
La buena noticia es que se evitan fácil. Investiga antes: lee reseñas reales en foros o Reddit, no solo las de TripAdvisor que a veces están pagadas. Pregunta a locales de verdad (no al que te aborda en la calle). Camina unas cuadras más allá de la zona turística: ahí encuentras comida rica a precio normal y cero multitudes. Viaja en temporada baja si puedes, o ve temprano/tarde para saltarte las filas. Usa apps de mapas offline, lleva efectivo chico y desconfía de lo “gratis” o “exclusivo” que te ofrecen de golpe.
Te recomendamos:

¿Cómo evitar estafas en viajes?
Evita estafas en viajes verifica proveedores, revisa reseñas, usa pagos seguros y protege tus datos para disfrutar un viaje sin riesgos.
Al final, las mejores partes de un viaje casi nunca son las que salen en las postales. Son el café en esa placita donde solo hay abuelos, el mercado donde compras fruta fresca, o esa caminata sin plan que te lleva a un rincón que nadie menciona. Las trampas están ahí para que pagues por la fama, no por la experiencia. Tú decides si caes o las esquivas y te vas con historias de verdad.
Si quieres conocer más de México lee nuestra revista mensual y suscríbete a nuestro canal de YouTube:
