Uno de los sabores más representativos de la gastronomía de Valle de Bravo son las campechanas, un postre crujiente tipo hojaldre bañado en caramelo. Aunque su origen se encuentra en otras regiones de México, este panecillo se ha ganado un lugar especial en el paladar vallesano y hoy es parte esencial de su cocina tradicional. Probarlas es una experiencia que vale la pena al menos una vez en la vida.
Su forma recuerda a un pequeño lingote de oro y, como buen clásico local, se elaboran de manera tradicional en hornos de leña, lo que les aporta un aroma ahumado y un sabor inconfundible. Con el tiempo, se han convertido en uno de los antojos más buscados tanto por habitantes como por visitantes. Es común encontrarlas en la calle Villagrán, en pleno centro, en el embarcadero, en Santa María junto a la iglesia y cerca del mercado de artesanías.
Las campechanas se disfrutan aún más cuando se acompañan con una taza de café, un vaso de leche o incluso con algunas bolas de nieve de vainilla, que le dan un giro especial a la merienda. Son perfectas para saborearse al atardecer, ese momento mágico que Valle de Bravo regala a quienes lo visitan.
Para quienes aún no conocen Valle de Bravo o no han tenido la oportunidad de probar este delicioso panecillo, compartir la receta es una buena forma de acercarse a su sabor y disfrutarlo en casa, ideal para una reunión y para consentir a familiares o amigos.
Campechanas estilo vallesanas:
Aunque la receta original que se prepara en Valle de Bravo guarda cierto misterio, se sabe que los ingredientes básicos que se utilizan son pocos y sencillos:
- Harina de trigo
- Agua
- Azúcar
- Sal
- Manteca vegetal o de cerdo (en abundancia, ya que es clave)
Paso a paso:
Para la masa, se mezclan la harina, el azúcar, la sal y el agua hasta obtener una masa suave y elástica. Después, se deja reposar alrededor de 30 minutos para que tome consistencia.
Por otro lado, se mezcla la manteca con un poco de harina hasta formar una pasta. En una superficie enharinada, se estira la masa en forma rectangular y se unta generosamente con la mezcla de manteca y harina.
Luego, se enrolla la masa como si fuera un churro, apretando y jalando con cuidado para que se estire y se formen varias capas. Este paso es fundamental para que la campechana “reviente” y se abra al momento de hornearse.
En el reposo y corte, los rollos de masa se dejan descansar. Después se estiran ligeramente, se cortan en porciones y se les da forma plana, cuidando no romper la capa superior.
Para finalizar, se espolvorea azúcar en abundancia y se hornean a temperatura alta, alrededor de 200 °C, hasta que el azúcar se derrita, se caramelice y tome un tono dorado y crujiente. Algunas versiones recomiendan iniciar con una temperatura más baja y subirla al final.
Secretos para lograr el sabor vallesano:
La clave está en no escatimar en la manteca, ya que es lo que da ese hojaldrado y crujido tan característico. El azúcar debe caramelizarse bien, incluso llegar a quemarse un poco, para conseguir el sabor auténtico. Además, el reposo de la masa es esencial para que quede suave por dentro y crujiente por fuera.
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En cuanto al precio, este puede variar dependiendo del lugar y de cuántas piezas incluya la bolsa. De forma general, suelen encontrarse paquetes de ocho a diez campechanas por un costo aproximado de 40 pesos.
Así que queda claro: al visitar Valle de Bravo, vale la pena buscar las tradicionales bolsitas de campechanas, probarlas y sacar una opinión propia. Porque conocer un destino también es saborearlo, y en Valle de Bravo, ese sabor tiene nombre y tradición.






