Santuario de las Guacamayas: una historia de protección
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Santuario de las Guacamayas: una historia de protección

Un hombre y su familia transformaron un bosque devastado en un refugio donde la guacamaya verde vuelve a nacer, volar y encontrar esperanza en Puerto Vallarta

Por: México Ruta Mágica Publicado: 30/12/2025


Santuario de las Guacamayas: una historia de protección

Para hablar del Santuario de las Guacamayas es necesario empezar con la historia de Francisco Espino Ibarra. Cuando era niño, visitó por primera vez el lugar donde hoy existe el santuario, pero en ese tiempo el panorama era muy distinto. La zona del ejido Las Juntas y Los Veranos le causó una profunda tristeza: cientos, quizá miles de árboles talados daban al sitio una sensación de abandono y desolación.

La explotación de los recursos madereros era excesiva y sin control, tanto por gente de la región como por foráneos. El momento que marcó su vida llegó cuando Francisco encontró un árbol derribado que tenía un nido de guacamaya. No había rastro de aves con vida. Ese hecho lo impactó tanto que, desde entonces, decidió convertirse en su protector.

Al ser descendiente de uno de los fundadores del ejido, solicitó a la asamblea que le cedieran esos terrenos para construir una cabaña y hacerse cargo de su cuidado. Así, en 2006 nació el Santuario de las Guacamayas, un espacio dedicado a la conservación de la guacamaya verde mexicana (Ara militaris) en su entorno natural.

Desde ese momento, Francisco y sus hijos, Jesús Adrián y Jorge Yamil, han entregado su vida a esta labor. Suben a lo alto de los árboles para colocar nidos de madera hechos por ellos mismos, con el fin de facilitar la reproducción de la especie. También instalan láminas metálicas alrededor de los troncos para impedir que felinos como ocelotes y pumas trepen y destruyan los nidos.

Con el objetivo de entender mejor el comportamiento de las guacamayas y de sus depredadores, colocan cámaras ocultas dentro de pequeñas jaulas que se activan al detectar movimiento. Gracias a esto descubrieron que el halcón selvático de collar podía entrar a los nidos y saquearlos, por lo que redujeron el tamaño del orificio de entrada y lograron evitarlo.

Hoy, los resultados de su esfuerzo son visibles. En estado silvestre, los polluelos de guacamaya verde tienen una tasa de supervivencia cercana al 16%; dentro del santuario, esta cifra alcanzó casi el 50% en 2024, cuando 14 crías lograron volar fuera del nido. Actualmente hay 29 polluelos distribuidos en 19 nidos, por lo que existe la posibilidad de superar el récord del año anterior.

El proyecto se mantiene gracias a las aportaciones de los visitantes y al apoyo de benefactores interesados en respaldar el santuario. Una de las mejores maneras de conocerlo es a través de Authentik Tours, una empresa que opera recorridos en apoyo al proyecto. La agencia impulsa el turismo de impacto positivo, permitiendo observar a las guacamayas a distancia, sin invadir su espacio y con el mayor cuidado posible, además de compartir información valiosa que invita a reflexionar durante el trayecto.

El doctor Juan Luis Cifuentes Lemus, Doctor Honoris Causa y Maestro Emérito del Centro Universitario de la Costa, quien dedicó su vida a proyectos de conservación en la región, solía decir que “lo que se conoce, se quiere; y lo que se quiere, se cuida”.

Al visitar el santuario, se descubren datos sorprendentes, como que las guacamayas son monógamas y eligen una sola pareja para toda la vida. Si su pareja muere, pueden pasar años sin volver a unirse con otra. Forman un hogar junto a su compañero y viven con sus crías hasta que estas alcanzan la madurez reproductiva, generalmente entre los dos y cuatro años. Otro dato curioso es que su esperanza de vida es muy similar a la humana, ya que puede ir de los sesenta a los cien años.

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Actualmente, la guacamaya verde se encuentra en peligro de extinción debido al tráfico ilegal y a la pérdida de su hábitat, por lo que el trabajo de Francisco y su familia es de gran valor. Su protección no solo beneficia a las guacamayas, sino a todo el ecosistema. Con el apoyo de voluntarios, en los últimos dos años han plantado 11,500 pinos para reforestar la zona.

El Santuario de las Guacamayas es un verdadero refugio de tranquilidad. En sus alrededores no se escucha nada más que el fuerte graznido de estas aves. Cuando guardan silencio, el lugar queda envuelto en una calma absoluta que transmite paz y conexión con la naturaleza en su estado más puro.

Una vez más, Puerto Vallarta y su gente demuestran su compromiso con el cuidado del medio ambiente, reconociendo la importancia de todas las formas de vida que habitan el destino y uniendo esfuerzos para proteger su mayor riqueza: la biodiversidad.

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