¡Celebremos el Día del Mole Poblano! - Ruta Gastronómica
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¡Celebremos el Día del Mole Poblano!

Conoce la historia de este delicioso platillo, que hoy está de fiesta

07 Oct 19

El Congreso del estado de Puebla determinó declarar el 7 de octubre como Día Estatal del Mole, con la finalidad de dar el lugar que merece a uno de los platillos más representativos del arte culinario poblano y del país.

El mole es un referente de la cocina mexicana y aunque hay un sinfín de variantes, el mole poblano ocupa un lugar especial en el corazón de todos los mexicanos, y más allá de su delicioso sabor y humeante aspecto, existen historias que no debes dejar de conocer sobre el "nacimiento" este tradicional platillo.

¿Cómo nació el mole?

Una de las tantas historias que se cuentan acerca del origen del mole poblano es que en una ocasión, el Virrey de la Nueva España y Arzobispo de Puebla, Juan de Palafox y Mendoza, visitó su Diócesis, un convento poblano en donde los cocineros de la comunidad religiosa le preparaban un banquete.

En aquel entonces, el cocinero encargado de preparar los alimentos que deleitarían a De Palafox y Mendoza, fue fray Pascual, quien en ese momento se encontraba nervioso y corría por toda la cocina para dirigir a sus ayudantes.

Por las prisas de preparar el mejor banquete, un gran desorden imperaba en la cocina, por lo que fray Pascual comenzó a levantar en una charola todos los ingredientes que se encontraban por todas partes para guardarlos en la despensa.

La historia cuenta que lo hizo de manera tan apresurada, que tropezó exactamente frente a la cazuela, donde se encontraban cocinándose unos guajolotes.

En ese momento todos los ingredientes que Fray Pascual iba a guardar en la alacena cayeron y se fusionaron con las aves que hervían… chiles, trozos de chocolate, especias y demás, y parecía que había echado a perder el famoso banquete que se le ofrecería al Virrey.

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Todos los comensales se encontraban sentados en la mesa, ya no había tiempo para preparar nuevamente el platillo original que se serviría, de tal manera que fray Pascual ordenó que se sirviera esa especie de salsa que por accidente había quedado en la cazuela, junto a los guajolotes.

Fray Pascual se encontraba muy nervioso y angustiado, parecía que todo estaba saliendo mal, sin embargo, decidió orar con toda su fe y esperar el momento de conocer cuál había sido la reacción de Juan de Palafox y Mendoza, y todos los comensales.

Gran sorpresa se llevó al saber que todo mundo quedó fascinado con el platillo que por accidente había preparado, todos salieron hablando maravillas de su sabor y así fue como se originó lo que hoy es el tradicional mole poblano.

En la actualidad, en algunos pueblos, las cocineras aún invocan la ayuda del fraile con el verso: “San Pascual Bailón, atiza mi fogón”, lo que le da más fuerza a esta historia del origen del platillo.

¿Por qué “mole”?

En otra historia, igualmente famosa, sostiene que el mole poblano nació en el interior del Convento de Santa Rosa, en el año 1681, donde sor Andrea de la Asunción, con inspiración divina, habría creado el delicioso platillo. Mientras lo cocinaba, dice esta leyenda, de la combinación de todos los ingredientes se desprendía un aroma cada vez más exquisito.

Como hipnotizadas por tan deliciosos olores, las demás monjas del convento abandonaron sus ocupaciones para congregarse en torno a la cocina. Una de las primeras en llegar fue la madre superiora, quien, extasiada por el vapor de la preparación, exclamó: “¡Hermana, que bien mole!”, las otras monjas, divertidas por la expresión, la corrigieron entre risas: “¡Muele, madre!, ¡se dice muele!”; y se asegura que también así nació el nombre del mole.

¿Son ciertas las historias?

Pese a lo divertido y elaborado -casi tanto como el platillo- de las leyendas acerca del mole, algunos historiadores coinciden en que, por lo complejo de su composición, es difícil concebirlo como producto de una casualidad y, en realidad, se considera la evolución de preparaciones prehispánicas en las que se combinaba chile con otros ingredientes.

Dichas preparaciones eran conocidas como mulli, que significa “salsa”, y fueron transmitidas por cocineras indígenas a las casas criollas y conventos de religiosas, donde las recetas se enriquecerían. Además del mole poblano, el pipián es otro de los platillos que entraba en la categoría de mulli.