PUEBLA
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Turismo en las alturas

Vive la oportunidad de cumplir uno de los sueños más antiguos del hombre: volar

Los primeros rayos del sol se asoman y van iluminando cada detalle de la Hacienda Santa Bárbara y el resto del paisaje en el Valle de Huamantla, el frío persiste en el ambiente y aun con chamarra y guantes, hay que frotarse las manos para combatirlo. En la entrada de la hacienda aparece la camioneta conducida por el capitán Ernesto Calva, gerente general de Globo3Uno, con un remolque en el que se aprecia una canastilla enorme y una gran bolsa de lona, que contiene un globo aerostático.

Son las seis y media de la mañana y tres cuadrillas preparan el mismo número de globos aerostáticos que, como cada fin de semana, se elevan en las primeras horas del día en este tranquilo paraje de la geografía tlaxcalteca adornando el limpio azul con sus telas multicolores. “¡Jala más, jala más!”, grita detrás del rumor de los quemadores el capitán Ernesto a uno de sus trabajadores, mientras dirige el fuego al sitio adecuado para inflar el globo.

 

Poco más de veinte turistas disfrutan el espectáculo de la preparación de los tres globos que unos minutos más tardes los llevarán a surcar el cielo de Huamantla, en algunos rostros se nota la ansiedad por iniciar el vuelo, en otros se aprecia un poco de miedo, pero ninguno pierde detalle de la manera en que los globos van tomando forma. El primero de los globos está listo y son seis las personas que se dirigen a él para tomar sus lugares.

El segundo globo en despegar es el más grande, con una canastilla con capacidad para 12 personas y el cual es conducido por el experimentado capitán Calva, quien, apenas haber dejado el suelo bromea con sus pasajeros y les pregunta si es la primera vez que se suben a un globo aerostático, para la mayoría así es. “¡Pues estamos igual!”, dice el capitán, con cara de circunstancia para sembrar la duda en su broma, “también es mi primer vuelo con pasajeros, este es mi examen”; pero lo cierto es que ha conducido un globo miles de veces.

Ahora bien, es importante decir que la conducción del globo por parte del navegante sólo se refiere a la dirección vertical, ya que en lo que respecta a la horizontal, es el viento el que decide hacia dónde irá la nave, es por ello que el capitán Ernesto aclara que nunca se sabe dónde se aterrizará, aunque, por supuesto, se busca a diferentes alturas las corrientes de aire que permitan llegar a un sitio más o menos despejado en donde el regreso a tierra no represente riesgo para nadie.

 

En el cielo

Arriba, a más o menos medio kilómetro de altura (el tamaño de la canastilla del globo, para 12 personas, no permite una elevación mayor, por peso y por precaución) todo es calma. La vida continúa allá abajo, pero desde aquí se contempla en silencio, un silencio que sólo es interrumpido de vez en cuando por el sonido de los quemadores para controlar la altura a la que vuela el globo o por las indicaciones del capitán. La sensación de paz y tranquilidad es tal que uno puede sentir que realmente está volando, como un ave y no dentro de la canastilla de la nave.

Pero contrario a lo anterior, en tierra, para el resto del equipo del capitán Ernesto no hay calma. A bordo de una camioneta y con radio en mano para comunicarse, “el rescate” sortea de manera frenética los obstáculos que presenta el camino para seguir la trayectoria del globo y llegar de manera anticipada al sitio donde se realizará el aterrizaje para sujetar el lazo que detendrá al globo, a manera de ancla, para que el capitán inicie la maniobra de descenso después de casi una hora de vuelo.

Rodillas flexionadas y bien sujetados a la orilla de la canastilla, casi agachados, nos indica el capitán antes de experimentar un ligero choque con la tierra y, literalmente, rebotar hasta que el aire caliente que elevaba al globo poco a poco se escapa y la canastilla se estabiliza. La experiencia es maravillosa, la satisfacción de los pasajeros, el brillo en los ojos y sus sonrisas no mienten, acaban, acabamos de vivir uno de los mejores momentos de nuestras vidas.

De regreso a la hacienda

Desde el sitio del aterrizaje regresamos en la camioneta de Globo3Uno a la Hacienda Santa Bárbara y a sus puertas, el capitán Ernesto nos propone un brindis con un vino espumoso para celebrar el éxito del vuelo de los tres globos, sobre todo de los más pequeños, que han rozado el kilómetro de altura, pero también porque es una tradición que viene desde finales del siglo XVIII, cuando los hermanos franceses Étienne y Joseph crearon un globo que durante largo tiempo fue conocido con su apellido: Montgolfier.

Los jóvenes hermanos, sin ser científicos, se interesaban por las teorías acerca de las propiedades del aire y realizaron varios experimentos con globos de papel con la finalidad de demostrar que al aire caliente, con el que se inflan los globos aerostáticos, era más liviano que el atmosférico. Estas prácticas los condujeron a crear su primer globo de tela tripulado, los pasajeros eran una gallina, una pata y una oveja, que resultaron ilesas después de haber sido elevadas hasta casi 500 metros.

Los inquietos hermanos se convertirían después en tripulantes de uno de sus globos y, para celebrar el paseo, llevaron consigo algunas botellas de vino. El viento los llevó a aterrizar en unos sembradíos en donde los campesinos, que nunca habían visto semejante nave consideraron el globo incluso demoníaco, al igual que a los hermanos y, enardecidos, parecían dispuestos a destruir a pedradas y con cuchillos tanto al globo como a los jóvenes aventureros. Como pudieron, los hermanos Montgolfier explicaron a los campesinos el funcionamiento de su nave y les ofrecieron del vino que llevaban consigo; al final brindaron juntos y Étienne y Joseph salvaron la vida, por eso desde entonces se brinda cada vez que termina un viaje en globo.

Tras el brindis en la Hacienda Santa Bárbara, Luis, uno de los pilotos de los globos, invita a los participantes de los vuelos a dedicar unas palabras a la naturalreza y a la fuerza suprema:

“Los vientos te han recibido con suavidad, el sol te ha bendecido reglándote su amanecer, hoy has volado tan alto y tan bien, que Dios se ha manifestado en tu alegría y tu risa, y te ha regresado de nuevo y suavemente, a los brazos amorosos de la Madre Tierra”.

Partes de un globo

  • Envoltura, de nylon o poliéster
  • Barquilla, de mimbre o junco
  • Quemadores

Para elevar el globo se usa gas caliente (entre 80 y 100º C) dirigido a través de los quemadores, que utilizan gas propano.

Costo*

Desde $1,950.00 en Experiencia Vuelo Libre, 45 a 60 minutos en barquilla compartida, brindis al finalizar el vuelo, certificado de vuelo, desayuno y seguro de viajero.

* En pesos mexicanos, se publica con carácter referencial.

Globo3Uno

Teléfonos y correo de contacto
Móvil: 24 7107 6449 / 22 9207 1610
Oficina: 01 (247) 472 3324
e-mail: ventas@globo3uno.com.mx
Horario de atención: lunes a domingo, de 9:00 a 18:00 horas
www.globo3uno.com.mx

La Hacienda Santa Bárbara

La Hacienda Santa Bárbara data del siglo XVII y a través de sus muros, su jardín y su capilla se puede deducir la grandeza de su historia. Remodelada, hoy es un cómodo y apacible hotel, ideal para aislarse del bullicio urbano y pasar un fin de semana o, por qué no, más tiempo para descansar a plenitud.

Cuenta con tres habitaciones dobles, una habitación doble deluxe y una cabaña. En el casco de la hacienda hay un amplio comedor, muy cerca de la cocina que conserva toques tradicionales, como las ollas de barro apiladas u otros trastos colgados en la pared. Además, también tiene un salón de juegos con chimenea y una mesa de billar.

El hospedaje incluye cena y desayuno para dos personas y un plus que seguramente va a encantar a más de uno de nuestros lectores: ¡las mascotas son bienvenidas!

Tarifas*

Habitación doble $1,600.00
Habitación Deluxe $1,800.00
Cabaña $1,800.00

* Precios en pesos mexicanos correspondientes al mes de junio, se publican únicamente con carácter referencial

Costos adicionales

Persona adicional $300.00
Menores de 5 años $150.00
Mascotas $100.00
e-mail: reserva@haciendasantabarbara.com.mx
Móvil: 24 6196 2570