PUEBLA
Ruta al Descubierto

Huaquechula

Una tradición monumental

Huaquechula es un municipio de Puebla localizado en la parte central del estado, dentro de la región de San Pedro Cholula. El sitio se ha distinguido principalmente por sus ofrendas monumentales o altares, como parte del festejo del 2 de Noviembre o Día de Muertos.

Lugar: Huaquechula, Puebla.
Fecha: Finales de octubre hasta los primeros días de noviembre.
Horario: Desde las 10 de la mañana.
Costo: Entrada libre.

Por: Claudia Cisneros

Huaquechula es sin duda un lugar de tradición, un municipio que forma parte del Patrimonio Cultural del estado de Puebla desde 1997 y que en la república está considerado como uno de los cinco sitios más emblemáticos de la Celebración del Día de Muertos.

Orígenes

Huaquechula es una palabra que proviene del náhuatl “Cuauhquechollan”, que se divide en cuautli= águila, quecholli= plumaje rico y lan=locativo, su significado unido es “junto a las hermosas y ricas plumas del águila”, está ubicado a 60 kilómetros de la capital poblana, destacando por sus climas semicálidos y subhúmedos, también cuenta con atractivos naturales e importantes monumentos como el Ex Convento de Huaquechula, que data del siglo XVI cuando arribaron las primeras órdenes religiosas de la Nueva España y el convento fue establecido por los franciscanos en 1530.

Gastronomía

Su gastronomía es parte de los atractivos como el mole, pipián con flores de zompantle, adobo negro, tamales de ceniza con frijol de ayocote, los ricos panes conocidos como rosquetes, hojaldras, marquesotes, polvorones; sus dulces típicos como el pancololote, palanquetas y jamoncillos.

Tradiciones

Este peculiar lugar además de tener varios atractivos, se ha distinguido por sus Ofrendas Monumentales o Grandes Altares, que se colocan a finales de octubre y se dejan los primeros días de noviembre como parte de la tradición de Día de Muertos, los cuales son reconocidos en todo el mundo.

Los altares de Huaquechula son admirados por locales y turistas que año tras año se dan cita para contemplarlos en las casas de este lugar donde ha fallecido, durante el año, alguno de los miembros de la familia, las puertas se abren a todos los visitantes para formar parte de sus tradiciones, aunque también hay ofrendas en lugares públicos.

Altares monumentales

Estos imponentes altares se componen, en su mayoría, con manteles blancos y papel picado, cuentan con objetos de celebración y de cosas que gustaban al difunto como el mole, pan, hojaldras, dulces, chocolate, atole, además de reliquias y objetos personales como cruces, fotos y juguetes.

Las ofrendas están compuestas de tres o cuatro pisos, que tienen todo un significado: el primer nivel o piso representa el mundo terrenal, el segundo, el cielo, y el tercero y cuarto, la cúspide celestial con la presencia del crucifijo o bien una imagen representativa.

También se aprecian en los niveles columnas de estilo barroco, pilastras en forma de pirámides y admirables detalles de lujo, entre otros elementos.

Costos

Los oriundos del lugar no escatiman costos para que sus ofrendas monumentales o altares luzcan y se destaquen, pero también para rendir homenaje a sus seres queridos que ya no están en la tierra.

Lo anterior lleva a que cada altar tenga un costo mínimo de 10 mil pesos y pueden llegar hasta 50 mil pesos o más, esto tiene que ver, primero, con las dimensiones de las ofrendas, que van desde los 4 metros de largo hasta los 3 de alto, aproximadamente, dependiendo de las medidas de la casa en que se monta.

Además, hay que sumar los gastos adicionales como los caminos de flores, la comida para visitantes, familiares y amigos, los rezos, los cirios y veladoras, misas e incluso, en algunos casos, música o mariachis.

Todo esto hace que el costo de estos altares monumentales sea mucho mayor al de las comunes o tradicionales ofrendas, que suelen ser más pequeñas, ya que van de un piso a dos con un número menor de elementos.

Ceremonia

Formando parte de estas tradiciones, además de los altares monumentales, también se llevan a cabo otros actos representativos del lugar, por ejemplo, a las dos de la tarde del 1 de noviembre suenan las campanas del templo mayor, anunciando el arribo de los muertos y las casas se abren para recibir a sus seres que ya han partido, pero también para convidar a los visitantes.

Por la tarde continúa la procesión de visitantes que son, en su mayoría, gente de la misma comunidad, además de estudiantes y extranjeros provenientes de toda la república y de países como Estados Unidos e incluso de Europa, quienes se suman al festejo y a la tradición del lugar.

Para el 2 de noviembre, el bullicio de la jornada anterior ha disminuido considerablemente, ya que los familiares visitan el cementerio temprano y adornan las tumbas de los muertos con enorme variedad de flores, donde destacan la de cempasúchil, además del característico aroma de los sahumerios con incienso. Los rezos este día están presentes, primero en el cementerio y luego con plegarias y rosarios en cada casa, donde los dueños invitan a los visitantes a que se sumen a éstos.

Por último, los anfitriones también invitan a comer platillos regionales a los visitantes, celebrando así un año más de vida y la partida de aquellos que se adelantaron en el camino.