PUEBLA
Ruta A Pie

Por Reforma y El Centro Histórico CDMX

¡De paseo!

Por: Raúl R. de la Rosa

Muchos ven a la Ciudad de México como un gran monstruo presto a devorarles en cualquier momento; otros, como un gigante dispuesto a contarnos miles de historias, mostrarnos su belleza y hasta contarnos sus secretos

Con sus más de 21 millones de habitantes y su ritmo de vida vertiginoso, la Ciudad de México impresiona a cualquiera, a cada paso, en ella se encuentran voces distintas y estilos arquitectónicos diferentes, en cada uno de sus rincones hay un motivo para quererla.

La diferencia de paisajes que ésta, una de las ciudades más grandes del mundo va del bucólico Xochimilco con sus canales y sus trajineras, o las tranquilas calles de Coyoacán y sus parques, hasta los modernos malls y los restaurantes más chics de Santa Fe o Polanco.

Un fin de semana es insuficiente para conocerla, ni siquiera siete días o un mes entero alcanzan para ello; de hechos, hay quienes han nacido o viven aquí desde muy pequeños y dicen que nunca han logrado conocerla en su totalidad y siempre encuentran algo nuevo.

Si bien la tarea de conocer al derecho y al revés esta gran urbe se antoja titánica, ello no impide disfrutar de sus puntos más representativos, ni de sus monumentos y edificios más emblemáticos, y recorrer el Paseo de la Reforma, desde el Ángel de la Independencia hasta el centro de la ciudad, es un buen inicio.

Breve historia del Paseo de la Reforma

El proyecto de esta importante arteria de Ciudad de México se llamó, originalmente Paseo de la Emperatriz y fue ordenado por el emperador Maximiliano de Habsburgo, ante los reclamos de su esposa, Carlota Amalia de Bélgica, porque en época de lluvias, debido a las malas condiciones del camino, él no regresaba a dormir al Castillo de Chapultepec, morada de la pareja imperial.

Maximiliano despachaba en Palacio Nacional y para regresar al Castillo debía llegar primero a los, en ese entonces, límites de la ciudad hasta la estatua de Carlos V y de ahí, dar vuelta a la izquierda ante la falta de un camino directo, por el Paseo de Bucareli o Paseo Nuevo, hasta los arcos del acueducto y de ahí, seguir el camino paralelo al sistema de abasto de agua de la ciudad, actual avenida Chapultepec, hasta llegar al Castillo.

Ese último camino era el que representaba mayor en época de lluvias, aunque dicen las malas lenguas que no eran las precipitaciones sino su gusto por las mujeres lo que en realidad “impedía” al emperador regresar a su hogar en México, por lo que concibió el amplísimo camino en línea recta desde la estatua de Carlos V hasta el Castillo, con glorietas y anchas aceras adornadas con fuentes y esculturas, digno de su imperio.

Dicho proyecto fue encargado a los arquitectos Carl Gangolf y Ramón Rodríguez Arangoiti y los artistas de la Academia de San Carlos Felipe Sojo, Miguel Noreña y Santiago Rebull, y la ejecución al ingeniero Luis Bolland Kuhmackl. Los trabajos comenzaron en 1864 y la primera sección se concluyó en 1866, pero ni Maximiliano ni Carlota Amalia verían terminada la obra, ya que antes de su conclusión él fue fusilado y ella, presa de la locura.

En 1867, a la caída del Segundo Imperio, el Paseo cambió su nombre a "Degollado" y fue abierto al público, porque era de uso exclusivo de la pareja imperial. En esa época la situación económica del país impidió la continuación de la vialidad a la cual, sin embargo, se le dio mantenimiento y en 1872 se le entregó al Ayuntamiento de la Ciudad de México.

Las obras continuaron justamente en 1872, tras la muerte de Benito Juárez y en el periodo presidencial de Sebastián Lerdo de Tejada, y precisamente en ese año, por decreto, se propuso su nombre actual, el cual quedó establecido definitivamente cuando las Leyes de Reforma propuestas por Juárez fueron adoptadas constitucionalmente, en septiembre de 1873.

El Paseo de la Reforma vio su mayor periodo de construcción durante el régimen de Porfirio Díaz, a partir de 1877, año en que se inauguró la primera glorieta con el Monumento a Cristóbal Colón. En 1910, cuando se inauguró la Columna de la Independencia con Díaz aún en el poder, el Paseo de la Reforma había alcanzado su mayor esplendor.

Ángel de la Independencia

El Ángel de la Independencia, ubicado en la glorieta del cruce de Paseo de la Reforma y el Eje 2 Poniente, es el centro de reunión de los mexicanos para celebrar los triunfos deportivos, particularmente los de la Selección de Fútbol, y, más recientemente, los políticos. Este es el punto de partida de nuestro paseo por Reforma hasta el centro histórico de la hermosa e imponente capital del país.

Desde su origen, la emblemática estructura estuvo estuvo estrechamente relacionada con el concepto de la victoria, ya que fue inaugurada el 16 de septiembre de 1910 por el presidente Porfirio Díaz, para conmemorar el centenario del inicio del Movimiento de Independencia en el país, y ha servido como mausoleo donde han descansado los restos de personajes clave de la guerra de liberación como Miguel Hidalgo, José María Morelos y Pavón, Ignacio Aldama y Leona Vicario.

La autoría de la Columna de la Independencia, nombre original del monumento, es de Antonio Rivas Mercado, uno de los arquitectos mexicanos más reconocidos de finales del siglo XIX y principios del XX, quien también se encargó de la fachada del Palacio Nacional, el Teatro Juárez de Guanajuato y la escuela de Chapingo, así como las haciendas Tecajete, en el estado de Hidalgo y San Bartolomé del Monte, en Tlaxcala.

Antonio Rivas Mercado, el Oso

Antonio Rivas Mercado, autor de la Columna de la Independencia, era un hombre de alrededor de dos metros de altura y 100 kilos de peso, y era conocido como el Oso, no precisamente por sus características físicas, sino por una anécdota de su época de estudiante de arquitectura París, en 1872: caminaba con unos compañeros por el Barrio Latino cuando en su camino encontraron a “un hombre que sólo llevaba encima una falsa piel de pantera, unos botines negros y un bigote lustroso” —relata la escritora y biógrafa francesa Fabienne Bradu—, y que daba vueltas alrededor de un improvisado cuadrilátero “enseñando un luis de oro en una mano y sujetando con la otra la cadena que lo ataba a su compañero de trabajo”, un oso pardo.

El hombre ofrecía el luis de oro (nombre genérico de las monedas de oro acuñadas en Francia de 1640 a 1792) a quien resistiera más de un minuto de combate contra el plantígrado. El futuro arquitecto mexicano subió al ring y tras someter a su rival, se llevó la moneda y el apodo que le acompañaría por el resto de sus días.

Dimensiones

Pedestal: 6.7 m
Columna: 36 m
Estatua: 3 m
Total: 45.7 m

El ángel que no es ángel

Nuestro Ángel de la Independencia no es en realidad un ángel, sino una representación de la Victoria Alada, obra del escultor Enrique Alciati.

La escultura original cayó desde lo alto y se destrozó en el terremoto del 28 de julio de 1957, y fue sustituida por otra. El monumento sería reinaugurado el 16 de septiembre de 1958.

Monumento a Cuauhtémoc

Después de apreciar la magnificencia del Ángel de la Independencia, dirige tus pasos hacia el centro histórico de la Ciudad de México y disfruta de la impresionante arquitectura de los edificios que flanquean el Paseo de la Reforma, como el que alberga a la Bolsa Mexicana de Valores.

Después del cruce de Insurgentes Sur y Paseo de la Reforma, encontrarás, en un camellón, el Monumento a Cuauhtémoc, inaugurado el 21 de agosto de 1887 por el presidente Porfirio Díaz y dedicado “A la memoria de Quauhtemoc y de los Guerreros que combatieron heroicamente en defensa de su patria” en 1521.

En cada cara del monumento hay un par de jaguares (ocho en total) que parecen custodiarlo y en cada uno de sus lados, una placa con los nombres de Cuitláhuac, Cacama, Tetlepanquetzal y Coanacoch, quienes acompañaron al último emperador azteca en su lucha contra los españoles. La escultura de Cuauhtémoc fue realizada por el escultor Miguel Noreña y la realización de la obra en su conjunto estuvo a cargo del arquitecto Francisco M. Jiménez.

Dimensiones

Base: 6.20 x 6.20 m
Altura: 11.75 m
Peso: 350 t
Escultura de Cuauhtémoc: 4.97 m
Peso: 4.2 t
Altura total: 16.72 m

Después de apreciar cada detalle de este monumento que actualmente se encuentra a aproximadamente cien metros al noreste de donde fue colocado originalmente, continúa caminando por el Paseo hasta encontrar la estatua de Cristóbal Colón, el navegante genovés al que se le atribuye el descubrimiento del continente americano. Desde ahí, te encuentras a sólo unos pasos de otro de los monumentos más emblemáticos de la capital mexicana.

Monumento a la Revolución

Al llegar al Monumento a Colón, atraviesa el Paseo de la Reforma hacia la calle Ignacio Ramírez, camina sobre ésta y en aproximadamente cinco minutos te encontrarás en la Plaza de la República, en la colonia Tabacalera, donde se encuentra el Monumento a la Revolución, cuya silueta es inconfundible y se le relaciona inmediatamente con la Ciudad de México y, por supuesto, con la historia del país.

Esta impresionante mole de cantera de 67 metros de alto iba a ser el Palacio Legislativo de México, el proyecto, del arquitecto francés Henri Jean Émile Bénard, inició en 1906 como parte de las acciones para conmemorar el centenario del inicio del Movimiento de Independencia, después de una convocatoria internacional lanzada en 1897, pero la Revolución interrumpió las obras dos años después de que el presidente Porfirio Díaz colocara la primera piedra en 1910.

La Plaza de la República es otro de los tantos puntos de reunión de los habitantes de la capital del país y caminando por ella, lo mismo puedes ver a grupos practicando diversos estilos de bailes y danzas que a estudiantes de Arquitectura realizado bocetos del imponente Monumento a la Revolución y hay, como en todo México, puesteros que te venden desde frituras y papas fritas con su salsita y su limón hasta gafas de imitación.

 

Cronología

  • 1897 Convocatoria internacional para construir el Palacio Legislativo de México
  • 1906 El arquitecto francés Émile Bénard inicia el proyecto
  • 1910 El presidente Porfirio Díaz coloca la primera piedra del Palacio Legislativo
  • 1912 Se suspenden los trabajos y se abandona la obra debido a los movimientos armados de la Revolución
  • 1921 Las estructuras de las alas comienzan a ser desmanteladas y sólo queda la de la cúpula.
  • 1932 El arquitecto Carlos Obregón Santacilia presenta un proyecto para, a partir de la estructura, construir el Monumento a la Revolución.
  • 1933 La Gran Comisión del Patronato del Monumento a la Revolución, encabezada por el presidente Abelardo Rodríguez, da luz verde al nuevo proyecto
  • 1938 Se concluye la construcción del Monumento a la Revolución, aunque nunca fue inaugurado como tal.
  • 1945 El piloto español Jacobo Fernández Alberdi pidió matrimonio a su novia atravesando el monumento en su avión de dos plazas.
  • 1986 Montaje de la exposición permanente del Museo de la Revolución en el sótano del monumento.
  • 2010 El monumento es “reinaugurado” el 20 de noviembre, tras casi dos años de remodelación de la plaza en su conjunto.
  • 2015 Se permite el acceso a los visitantes, desde los cimientos hasta la parte más alta de la estructura

Mausoleo

A lo largo de los años, los restos de figuras históricas relacionadas con la Revolución como Venustiano Carranza, Francisco I. Madero, Plutarco Elías Calles y Francisco Villa fueron trasladados al monumento, donde yacen en criptas en la base de los pilares del edificio. También, desde su muerte en 1970, yace allí Lázaro Cárdenas.

¿Qué puedes hacer?

  • Subir al mirador por el elevador panorámico, a 57 metros de altura, para contemplar la ciudad con una vista de 360°.
  • Realizar el recorrido completo, desde la cimentación hasta la linternilla —el punto más alto del monumento—, pasando por la estructura.
  • Tomar un buen café o la bebida de tu preferencia en el Café Adelita, en el interior del monumento.
  • Visitar el Museo de la Revolución, en el sótano, con uniformes, armas y documentos de la época, y una maqueta de cómo sería el Palacio Legislativo.
  • Contemplar el espectáculo de aguas danzantes y luces de la Fuente del Centenario.
  • Disfrutar de la salida del sol en la Ciudad de México desde el mirador en los “Amaneceres Monumentales”, ¡con desayuno incluido en el Café Adelita!

Precios:

Acceso limitado (sólo mirador): $60.00
Recorrido completo: $90.00

Esculturas monumentales

Cuatro grandes esculturas coronan los pilares del Monumento a la Revolución, obra del escultor Oliverio Martínez, quien logra fusionar el arte prehispánico y el cubismo para representar con esas espectaculares figuras la Independencia, las Leyes de Reforma, las Leyes Agrarias y las Leyes Obreras.

Hacia la Alameda Central

Después de admirar la ciudad desde las alturas, en el mirador del Monumento a la Revolución, con enormes estructuras en la lejanía o edificios más cercanos como el emblemático Frontón México, una de las muestras más acabadas de la arquitectura Art déco en el país, inaugurado en 1929, es hora de continuar el recorrido hacia el centro de la ciudad.

Antes de tomar la parte de la avenida de la República que desemboca en el Paseo de la Reforma, vale la pena echarle un vistazo al Frontón México, que durante muchos años fue sede de torneos de cesta punta, una disciplina deportiva mejor conocida como pelota vasca —por su origen— o jai alai, que significa “fiesta alegre” en euskera, y eso era en sus tiempos de gloria, una verdadera fiesta a la que acudía lo más granado de la sociedad capitalina.

Por un conflicto laboral, el lugar estuvo cerrado durante 21 años desde 1996, pero recientemente se realizaron trabajos integrales de rescate arquitectónico que le han devuelto su esplendor y lo han convertido en un centro de entretenimiento de primer nivel con sala de espectáculos, un casino de tres pisos, restaurante, skybar y, por supuesto, cancha de jai alai.

Durante tu camino de regreso al Paseo de la Reforma, date tiempo para disfrutar de una deliciosa nieve —o sorbete— artesanal, de sabores tradicionales como fresa, queso o el “clásico” limón, sola o con picante y chamoy, y disfruta de la belleza de inmuebles como el que alberga a la Lotería Nacional, de belleza sempiterna.

Caballito, fuente y “esquina de la información”

Justo desde el exterior de la Lotería Nacional y antes de atravesar el Paseo de la Reforma, hacia tu izquierda verás “El Caballito” del escultor Sebastián, una estructura de formas geométricas, de 28 metros de alto, hecha de placas de acero pintadas de un amarillo intenso, la cual representa una cabeza de caballo que sustituyó a la estatua ecuestre de Carlos IV —realizada por Manuel Tolsá en 1802— que hoy puedes apreciar en el exterior del Palacio de Minería.

Un poco más a la derecha, justo en medio del Paseo, verás la Fuente de la República, de sobrio diseño circular —20 metros de diámetro—, colocada allí por sugerencia del escultor Manuel Felguérez durante la administración de Marcelo Ebrard Casaubon. Desde diciembre de 2007, sus aguas embellecen, sobre todo por las noches, el cruce del Paseo de la Reforma con las avenidas Juárez y Bucareli.

Más allá de la fuente se aprecia “la esquina de la información”, en Bucareli y Paseo de la Reforma, conocida así porque allí se asentaron los diarios de circulación nacional El Universal y Excélsior, referentes, en su momento, de los acontecimientos más importantes de la vida nacional. El segundo abandonaría esa esquina en 2016 para trasladarse a otras instalaciones.

En el corazón de la gran ciudad

Si bien la cantidad de personas que caminan por las calles de la Ciudad de México es impresionante en cualquier punto de ella, a medida que te acercas al centro histórico, las cantidades de cabezas que ves a lo lejos y a tu lado por momentos rebasa lo imaginable, pero el ir y venir de personas tan diversas entre sí es otro de los encantos de la capital del país.

Después de atravesar el Paseo de la Reforma y caminando por la avenida Juárez, como preámbulo de la Alameda Central encontrarás la Plaza de la Solidaridad, un parque que es punto de reunión de artesanos y vendedores ambulantes que te ofrecen mercancía diversa sin el atosigamiento que se aprecia en otros lugares.

Después de recorrer la cuadra que ocupa la Plaza de la Solidaridad, finalmente estarás en la Alameda Central, el jardín público más antiguo de México y de América y, por qué no decirlo, uno de los más bellos, importantísimo pulmón de la capital del país y centro de reunión y descanso tanto para sus habitantes como para quienes visitamos la gran ciudad, bajo las alegres notas de canciones populares mexicanas que reproducen los organilleros.

Datos de la Alameda

  • Data de 1592, la obra fue realizada a petición del virrey Luis de Velasco.
  • Tiene una dimensión de 450 metros de largo por 200 de ancho, aproximadamente.
  • En un principio era cuadrada, adquirió su forma rectangular en 1775, cuando el virrey Carlos Francisco de la Croix amplió sus calzadas laterales.
  • A finales del siglo XVIII fue cercada, se le colocaron puertas de hierro y se prohibió la entrada a las personas sin asear, con ropa rota o sin zapatos.
  • La emperatriz Carlota Amalia de Bélgica, esposa de Maximiliano de Habsburgo, donó la fuente de “Venus conducida por céfiros”.
  • Tras la caída del Segundo Imperio, Benito Juárez ordenó tirar los muros de la Alameda y ésta se convirtió en paseo para toda la población.
  • En 1892 se alumbró por primera vez con luz eléctrica.
  • A lo largo del tiempo se ha remodelado en diversas ocasiones y se mantiene en óptimas condiciones.

Hemiciclo a Juárez

El Hemiciclo a Juárez es uno de los monumentos que Porfirio Díaz mandó a construir en 1910 como parte de los festejos por el centenario del inicio del Movimiento de Independencia en el país, y el encargado de realizar el proyecto fue el arquitecto Guillermo Heredia. Es uno de los puntos más representativos de la Alameda.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Este monumento, de estilo neoclásico, está hecho con mármol de Carrara, y lo conforman doce columnas que rodean un conjunto escultórico con Benito Juárez como figura principal, flanqueado por dos seres alados que representan a la Patria y a la Ley. Fue erigido en 45 días e inaugurado el 18 de septiembre de 1910.

Dato curioso

Donde hoy se encuentra el Hemiciclo a Juárez, estuvo el Quiosco Morisco durante un breve periodo y fue trasladado a su actual ubicación, en la colonia Santa María La Ribera, en 1909.

Bellas Artes

El Palacio de Bellas Artes de otro de los legados de Porfirio Díaz para la nación, lo mandó a edificar en el extremo oriente de la Alameda Central y con sus 52 metros de altura y la combinación de estilos Art Nouveau y Art déco, se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El 29 de noviembre de 1934 fue inaugurado en su interior el Museo Nacional de Bellas Artes, primer museo de artes en el país; también tiene una sala de conciertos en la que en los últimos años se han presentado con gran éxito figuras populares como Juan Gabriel o Pepe Aguilar.

Palacio Postal

Desde el Palacio de Bellas Artes, atravesando el Eje Central Lázaro Cárdenas, se encuentra el Palacio Postal, un edificio en el que se combinan diversos estilos arquitectónicos, en cuya cimentación se utilizó una losa de concreto corrida con un espesor promedio de 70 centímetros y una estructura de viguetas de acero con un peralte de 21 pulgadas en ambos sentidos.

Este bello edificio de cuatro niveles es obra del arquitecto italiano Adamo Boari —quien trabajó también, junto con su colega Federico Mariscal, en el Palacio de Bellas Artes.

Chinatown a la mexicana

La concentración de inmigrantes chinos en una zona frente a la Alameda Central en la década de 1960 dio origen al Barrio Chino, donde se han conservado las tradiciones del gigante asiático, entre las que destaca el espectacular festejo para celebrar el Año Nuevo Chino.

Torre Latinoamericana

Ya en el corazón de la Ciudad de México, cruzando entre un mar de gente el Eje Central Lázaro Cárdenas, se encuentra la Torre Latinoamericana, el primer rascacielos de México, de 44 pisos, construido como sede de la compañía La Latinoamericana Seguros, S.A.

Sobresale claramente entre las edificaciones del centro histórico y para subir a su mirador, sobre el piso 44, hay que hacer fila y esperar, sobre todo en fin de semana. Después, el “viaje” en el ascensor te remonta a épocas pasadas, ya que hay una persona que se dedica a operarlo, como en las películas “de antes”.

Números

  • 27 pisos, era la propuesta original del proyecto
  • 361 pilotes de concreto constituyen su cimentación
  • 34 metros, profundidad que alcanzan los pilotes
  • 44 pisos
  • 188.33 m de altura (tomando en cuenta su antena)
  • 25,000 toneladas, peso del edificio
  • 1956-1972, en esos años fue el edificio más alto de México
  • 1° rascacielos en el mundo en estar en una zona sísmica

Templo de San Francisco

Después de la visita a la Torre Latinoamericana y continuando por la avenida Francisco I. Madero, entra al Templo de San Francisco, el único vestigio del primer convento que fue construido en la capital del país. Fue construido como símbolo de victoria española, sobre lo que en algún momento fue el zoológico de Moctezuma.

Este templo, que impresiona desde la entrada con su fachada de cantera de estilo churrigueresco, albergaba muchas piezas de alto valor entre pinturas, joyas, reliquias e incluso muebles. Esa riqueza fue declarada como bienes de la nación por el presidente Ignacio Comnfort, alrededor de 1860, cuando también ordenó la demolición de los claustros.

Los latidos de la ciudad

En el camino hacia el centro histórico de la ciudad puede sentirse como se incrementa el número de personas que caminan por las calles y que le dan vida y color a esta ciudad, donde artistas callejeros de diversas disciplinas alegran los días de los citadinos y de los turistas.

Para refrescar la garganta y recuperar energías por la caminata, puedes acudir al Bar Antonella, donde encontrarás cerveza de barril bien fría, originales cócteles y una variada carta en la que encontrarás desde hamburguesas hasta salmón ahumado; todo ello acompañado por una excelente atención.

Para complementar el recorrido puedes “perderte” entre las calles del corazón de la ciudad y apreciar la belleza arquitectónica de edificios como el Palacio de Minería, con la estatua ecuestre de Carlos IV en la plaza Manuel Tolsá, donde los domingos se reúnen danzantes y curanderos que ofrecen limpias.

También puedes ver el Palacio Legislativo de Donceles, que albergó a la Cámara de Diputados del país hasta 1982 y a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal hasta este 2018. Aprovechando que estás en la calle Donceles, sumérgete en las librerías de viejo, donde podrás encontrar verdaderas joyas a precios increíblemente bajos que podrás disfrutar en el bus, en el avión o el sofá de tu casa, como uno de los mejores recuerdos de tu visita a la Ciudad de México.