PUEBLA

El Hijo del Santo

Personaje: El Hijo del Santo Lugar: Ciudad de México
La leyenda continúa

En impecable traje de lino azul añil y al volante de una camioneta de color plata, llega al 216 de la calle Tamaulipas; desciende del vehículo y su aura de ídolo atrae las miradas de automovilistas y transeúntes que pasan por la zona. Se pone el saco y acomoda su corbata a rayas, azul y plata, casi tan brillante como su máscara.

Se trata del depositario de una verdadera leyenda que, a base de esfuerzo y mucho trabajo, ha logrado mantener e incluso acrecentar: El Hijo del Santo, quien recibe al equipo de México Ruta Mágica en su tienda de la colonia Hipódromo Condesa, una de las tres tiendas que tiene en la capital del país, para una entrevista exclusiva.

Revelación

Entre los faros de otros automóviles, uno avanza rumbo a una función de lucha libre, dentro de él, un niño de unos ocho años mira con admiración a su padre, un hombre fuerte y seguro de sí, que lo ha invitado a ver a los ídolos del ring. Se distrae con los otros coches, algunos aparadores, las personas que caminan, y cuando voltea, su padre ha desaparecido —o al menos eso es lo que él piensa en ese momento— y ahora el que conduce es Santo, El Enmascarado de Plata.

Ese día El Hijo del Santo conocería la verdadera identidad de su padre y hoy comparte con nosotros la emoción que sintió: “pues imagínate, fue algo muy impactante. Después de esto ya vino la oportunidad de hacer cine, pero entonces yo ya sabía que El Santo era mi papá, entonces, pues la vida te va poniendo todo en su momento: el admirar al Santo como niño, después saber que es mi papá y más tarde hacer cine con él”.

Recuerda que mientras toda la producción comía en el restaurante de los Estudios Churubusco o salía a comer unos tacos, ellos se quedaban porque El Santo “tenía que estar en su camerino, porque tenía que comer en privado. Se quitaba la máscara, comía y entonces yo veía que El Santo estaba ahí y de pronto ya no estaba, era mi papa”. Después de comer “otra vez se enmascaraba y eso desde chiquito lo fui aprendiendo, y cuando me convertí en luchador pues ya no era tan difícil”, nos comenta nuestro entrevistado.

La esclavitud de la máscara

Tras adoptar el nombre de El Santo, “le tuvo tanto cariño a su máscara que se volvió un esclavo de ella, porque cuidaba que nadie lo conociera y realmetne se volvió un misterio”, sólo la gente cercana a él llegó a conocerlo sin tapa, asegura su sucesor, una situación que ahora él vive en carne propia.

“Siempre a tu familia se le complica, ya no puedes estar en reuniones familiares con mucha gente porque no falta quien pueda tomar una foto o quien sea indiscreto y te pregunten: ‘oye, ¿y cuándo luchas?’. Por eso cuando hacía reuniones, él prefería que fueran en casa y que viniera gene que realmente lo cuidaba, lo protegía”.

El Hijo del Santo recuerda que el sacrificio de la familia por la máscara lo vivió de niño y un dejo de dolor se cuela en sus palabras: “como niño, yo quería ver a mi papa en la escuela el Día del Padre, no iba, y para él era muy difícil no ir; también para mí no verlo, pero yo entendía porque ya mucha gente sabía en la escuela que mi papá era El Santo”.

En su caso, la situación es un poco más difícil, tanto para él como para su esposa y sus hijos. “En este tiempo, con un celular ni cuenta te das, te toman una foto y no hay un control, entonces, yo creo que la familia sí sufre un poco esta parte del enmascarado. Yo lo vivo en carne propia”.

¿Se quitará la máscara un día?

“No, si no la pierdo en un ring, no. Yo tengo como setenta y tantas luchas de apuesta entre máscaras y cabelleras. Uno que me costó mucho trabajo, que pensé que iba a perder con él, era Kato Kung Lee, un luchador panameño, Johnny Lezcano (Smith, era su nombre real), él fue un rival dificilísimo; después expuse la máscara junto con Octagón contra Eddy Guerreo y Love Machine en Estados Unidos, y ¡uy!, no, no, no, por tantito y Octagón y yo, ¡adiós, máscaras! Y siempre es la adrenalina, yo no sé pa’ qué anda uno jugando con fuego, ¿no?”, rememora divertido.

Un día sin máscara

Actualmente, un día con máscara para El Hijo del Santo está lleno de actividad debido a sus múltiples compromisos como figura pública, pero cuando puede guardar esa máscara y al ídolo, “son días que aprovecho para estar más con mis hijos o salir a la calle a hacer cosas que regularmente no tengo tiempo de hacer”, es decir, “más dedicado al hogar, a mi familia, a mis cosas personales”.

Esa familia para él lo es todo, “todos los días yo le doy gracias a Dios porque despierto y tengo a una mujer que me ama, que me respeta, veo a mis hijos que se van a la escuela, que regresan, yo creo que es lo más bonito. La familia es lo principal lo que más te motiva, lo que te hace realmente un hombre”.

El Santo en resumen, por el Hijo del Santo

El Hijo del Santo subraya que “hay que tomar en cuenta ya no estaba Pedro Infante, ya no estaba Jorge Negrete, ya habían fallecido, entonces, El Santo encajó muy bien en ese tiempo”.

Paralelismos y diferencias

Entre las carreras de El Hijo del Santo y su hijo, Santo Jr., existen muchas similitudes. A nuestro entrevistado, su padre, El Santo, “desde chiquito” le inculcó el deporte, “el futbol, después las artes marciales, en ese tiempo nada más había judo y karate”, y su hijo, “desde muy niño empezó a entrenar judo, tae kwon do y todo lo relacionado con artes marciales”.

La mayor diferencia, quizá, fue el momento de subir al cuadrilátero, ya que aunque le permitió entrenar lucha libre, El Santo quería que su hijo se dedicara más a su carrera universitaria, “pero, bueno, era inevitable que me subiera a un ring”, nos dice quien inició su carrera, a los 19 años y a escondidas de su padre, como Korak El Hijo de Tarzán.

En el caso de Santo Jr., ha recibido todo su respaldo, “tiene un poquito más de un año que debutó. Lo veo bien, está todavía muy novato, le falta, obviamente, experiencia pero técnicamente está muy bien. Tiene las condiciones y sobre todo, lo principal, es que es un muchacho educado, es un muchacho que estudia, habla perfectamente bien inglés, es muy accesible con la gente, con los medios y le tiene un gran respeto a la máscara y al público”, señala nuestro anfitrión.

Tiempo después de haber iniciado su carrera, El Hijo del Santo fue descubierto por su padre, “cuando se dio cuenta que realmente yo quería ser luchador, ya me dio todo su apoyo y lo que más le agradezco a él es que me haya elegido para ser su continuador, porque él me eligió, él me dijo: ‘quiero que en lugar de que seas el hijo de Tarzán seas El Hijo de Santo’. Para mí fue maravilloso y desde ese día me comprometí con él, me comprometí conmigo para salir adelante y ya son 35 años de carrera”.

Otra diferencia: Santo Jr., con quien comparte su pasión por la música, quiere desarrollar su carrera en Estados Unidos, específicamente en la WWE, donde ya ha realizado pruebas y fue aceptado, pero como condición le exigían dejar la escuela y dedicarse de tiempo completo a la lucha libre, “él no quiso, lo cual me dio mucho gusto y les dijo: ‘para mí primero está la universidad y después, si les puedo ayudar, con mucho gusto’”, cuenta orgulloso el ídolo con el que hablamos.

El Hijo del Santo recuerda que su padre “siempre fue un hombre, a pesar de su fama, acesible con la prensa y con el público y eso yo lo fui viendo siempre. Cuando empecé a luchar (en 1982) tuve la oportunidad de estar junto a él dos años antes de que falleciera y me daba muchos consejos, que fuera accesible con la gente, que atendiera a los niños a la prensa y, obviamente, esta escuela yo se la estoy dando a mi hijo”.

Naturaleza y mar

Entre los miles de artículos que uno puede adquirir en el local, El Hijo del Santo nos confía que para vacacionar, él prefiere el mar, no el de un sitio en particular, sino simplemente el mar: “me encanta, si tengo la oportunidad de irme a descansar, mi lugar preferido es el mar; puede ser irme a Acapulco, puede ser ir a Los Cabos, a Oaxaca… hay muchos lugares y lo disfruto mucho, me encanta, me encanta el mar”.

Tanto es su amor por el mar que en algún momento de su vida se metió en problemas e incluso, por el simple hecho de defenderlo, fue ofendido y señalado de prepotente por algunas personas. Era un jueves 8 de mayo de 2014 cuando El Hijo del Santo se manifestó en contra de un megaproyecto de urbanización en Cabo Pulmo. “Querían hacer una especie de ciudad en donde iba a haber hoteles, casinos, pues muy padre, sin tomar en cuenta a la naturaleza; entonces, yo fui con Costa Salvaje (una organización internacional cuya misión es conservar ecosistemas costeros y marinos, y vida silvestre, de la que El Hijo del Santo es vocero, ndlr), me opuse a este desarrollo, entonces, pues ahí hay intereses económicos, me empezaron a agredir y pues me tuve que defender”, recuerda el héroe del ring.

“Afortunadamente, hasta el día de hoy sé que ese proyecto se tuvo que cancelar y yo les decía: ‘pues hagan sus hoteles más adelante, donde no haya un arrecife enfrente’”, comenta satisfecho el Enmascarado de Plata, quien ese mismo día dejó en claro que no se opone al desarrollo ni a la llegada de inversión extranjera al país, pero sí en contra de dañar la naturaleza. Con Costa Salvaje, recuerda, “hicimos campañas en Tijuana para que la gente no tirara basura en los ríos o en el mar, fuimos a muchos lugares de Oaxaca a proteger a las tortugas porque lamentablemente, pues no nada más hay depredadores que andan en el aire sino también los propios humanos”, y nos dice que su principal objetivo es “hacer un poquito de conciencia sobre todo en los niños”, quienes “son más conscientes de cuidar el ambiente”.

Un triste recuerdo

En un lugar con mar, El Hijo del Santo comenzó a vivir uno de los episodios más tristes de su vida: el deceso de su padre. Era un domingo 5 de febrero de 1984 en Acapulco, el heredero de la leyenda plateada tuvo una de sus mejores luchas y un gran triunfo ante una arena repleta, pero de manera contraria a su costumbre de saciar su hambre para compensar las tres horas que no come antes de luchar y el enorme esfuerzo físico, ese día no quiso probar alimento.

“No sé si les ha pasado, que hay algo que te está inquietando algo que, no sé… es como un presentimiento”, recuerda. “Los promotores de Acapulco me dijeron: ‘te dejamos en el hotel, te bañas y nos vamos a cenar’, y les dije que no. Les dije: ‘ustedes no se preocupen, pero algo, algo había”.

“No sé si les ha pasado, que hay algo que te está inquietando algo que, no sé… es como un presentimiento”, recuerda.

“Y me bañé, me salí a caminar yo solito a la Costera y ya… algo, algo pasaba”. Cuando regresó al hotel El Hijo del Santo tenía unas veinte llamadas desde Ciudad de México, le pedían que se comunicara con urgencia. “No me dijeron que mi papá ya había muerto, me dijeron que estaba muy grave”.

A quien sí le informaron del deceso fue al promotor, quien dispuso un automóvil para el Hijo del Santo, “con un compañero mío, luchador, me trajo a México, no estaba la Autopista del Sol todavía, no había vuelos, entonces, para que yo llegara rápido, nada más por carretera y en ese momento. Yo llegué en la madrugada, no sabía qué pasaba y de pronto me dicen que me vaya a (la funeraria) Gayosso de Sullivan y, pues imagínate, yo dije: ‘¿cómo, si antier estuve con él?’. No lo creía hasta que lo vi”.

“Con el tiempo me di cuenta que esa noche del viernes (3 de febrero de 1984, antes de partir a Acapulco), él me había dado muchos consejos, quería platicar porque a lo mejor me estaba diciendo ‘ya no nos vamos a ver’, y nunca me lo imaginé. Después salió la canción de Juan Gabriel, la de Acapulco (Amor eterno, ndlr), que tiene un triste recuerdo de Acapulco, y esa canción siempre me llegaba mucho porque me recordaba ese día”, dice con un brillo en la mirada que, debajo de la máscara, se fija en un punto del horizonte.

En medio del dolor, El Hijo del Santo tuvo la oportunidad de guardar un recuerdo de diferente naturaleza, uno bello: “El sepelio fue muy bonito, si yo me muero y me despiden así, es una bendición. Todo México quería estar con El Santo en las calles, cuando iba la carroza la gente coreaba su nombre en la calle. Y cuando se colocó en su cripta en el mausoleo, cuando de pronto ya meten el ataúd y lo sellan… pues fue muy fuerte, pero que te despidan como un gran ídolo, que la gente te quiera y te llore debe de ser precioso”.

Los hombres sí lloran

“La única vez que vi llorar (al Santo) fue cuando murió mi mamá (dos años antes del deceso de su padre), llorar hincado junto a ella. De chiquito te decían que los hombres no lloran y cuando lo vi llorando, dije: ‘pues sí lloran’. Y fue muy fuerte esa escena cuando llegamos al hospital y mi mami ya tenía como media hora de haber fallecido, yo nunca lo había visto llorar y lo vi llorar como los hombres. Siempre los momentos te van dando una enseñanza, entonces dije: ‘pues los hombres si lloran’, ¿por qué te tienes que estar guardando los sentimientos, por qué no llorar? Claro que creces con ese chip de ‘mariquita’ y de que ‘las niñas lloran’. No es cierto, así que, niños lloren, y los señores también”, pide.

 

Museo pendiente

Uno de los planes que El Hijo del Santo siempre ha tenido es crear un museo para su padre, sin embargo, el proyecto “está detenido, lamentablemente, porque se requiere capital, porque es todo un proceso, porque muchas de las piezas ya son antigüedades, después de 50 años ya son reliquias que tienen que estar en manos de gente experta. La máscara que tuvimos en Puebla, en la Casa de la Cultura, es una pieza invaluable”, dice sobre la exposición que presentó en la ciudad de Puebla, “Santo, El Enmascarado de Plata, Cien Años”, donde asegura que exhibió, “a lo mucho, un 10%, un 15%” de artículos que pertenecieron a su padre y objetos relacionados con su trayectoria.

Desde hace muchos años, revela, ha pedido a las autoridades de la capial del país que le ayuden, “que me den un espacio, a mí me gustaría una casa aquí en la colonia Condesa, en la colonia Roma, de estas casa de los años 50, que esté en buen estado y poner el museo del Santo, pero no he tenido el apoyo”, por lo cual, por ahora realiza la exposición itinerante, “que ha funcionado muy bien”.

“No hay interés (en México), es la realidad”, señala tajantemente y nos comparte que hace un par de años fue a Madrid, platicó acerca de su proyecto y le propusieron instalar el museo en la capital española, “me daban una casa en Madrid, no una casa, un edificio antiguo” y todas las facilidades para montar el museo y cumplir con las normas y mantenimiento; “lo pensé”, acepta, pero consideró que eso sería una traición “cuando (el museo) debe de estar en México”. Reitera que no hay respuesta, pero confía en que tiene que haberla, “y si no, pues yo seguiré trabajando muy duro; de hecho, ya tengo una fundación precisamente para resguardar y para conservar todo el legado del Santo… el día que alguien aquí levante la mano y diga ‘yo te ayudo’, me va dar mucho gusto”, concluye.

Dignificación de la lucha

El Hijo del Santo mantiene su empresa El Todo X El Todo, uno de cuyos objetivos es dignificar la lucha libre aunque últimamente no han realizado funciones. Las últimas fueron realizadas en la ciudad de Puebla, donde reapareció el 17 de octubre de 2015 después de una lesión que lo alejó del pancracio desde 2013; posteriormente en León, Guanajuato, en octubre, y finalmente llevó el evento a Londres, en 2016, donde Santo Jr. realizó su primera aparición.

Nuestro entrevistado decidió conformar su propia empresa ya que está en desacuerdo con el manejo actual de la lucha libre: “Estoy en contra de la denigración de la lucha, hay muchos luchadores que a veces no cobran con tal de salir en la televisión y eso no puede ser… el empresario feliz, ¿no?, la culpa es del luchador”.

Los luchadores “antes se preparaban más, había más disciplina, había más autoridad, hoy las comisiones realmente están de adorno”, considera, porque hay luchadores que han perdido la máscara y se les permite volver a usarla, “eso se llama fraude”, fustiga el Hijo del Santo.

Otra de las situaciones que provocan el descontento y enfado de nuestro ídolo enmascarado son las “luchas absurdas”, y recuerda la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, “es abusrdo ver en un ring a un luchador golpeando a una luchadora, no debe de ser y lo hacen, porque en tu público hay niños, entonces, para un niño va a ser muy normal que un hombre le esté pegando a una mujer, aunque sea luchadora (…) Lamentablemente los empresarios lo hacen por ganar dinero, sin importarles todo lo que lastiman a la lucha libre

Planes a futuro

Entre los planes a futuro de El Hijo del Santo, el más importante es la serie sobre su padre. “Estoy muy enfocado con la serie, escribiendo, va muy bien, gracias a Dios. Todavía falta, estamos en pañales porque estamos apenas escribiendo; la historia nadie la va a inventar, la historia está ahí, contada por mi propio papá a través de videos, a través de entrevistas, de grabaciones personales”, adelanta.

“Yo tuve la fortuna de entrevistarlo cuando yo estaba en la universidad. Me dejaron un día una tarea de hacer una entrevista a alguien importante, dije: ‘pues al Santo’, y no sabes, ahora sí que abrió su corazón conmigo (…) le preguntaba cosas que nunca le preguntaban (…) y había momentos en que se le hacía un nudo en la garganta”, nos cuenta El Hijo del Santo.

Si bien la serie es lo más importante en este momento, “hay muchos otros proyectos como tener mi museo o el museo del Santo para el público publicar mis libros, que están ahí pero no me he dado el tiempo de publicarlos”; también existe un cuento del Santo para niños que escribió “con mucha fantasía” sobre el mítico enmascarado, “y mis pinturas, me encanta poder exponerlas en diferentes recintos y ojalá algún día lleguen a tener un valor importante”, nos comparte nuestro anfitrión quien, agrega, espera pronto regresar a Puebla, “pero de civil, para comer bien”.