PUEBLA
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Hacienda San Miguel Regla

Para románticos y aventureros

Por: Nayeli Aparicio / Foto: Luis Hernández

A poco más de dos horas de la ciudad de Puebla o de Ciudad de México, se encuentra Huasca de Ocampo, el primer lugar reconocido como Pueblo Mágico. Su nombre proviene del nahuátl huascazaloyam, que significa "lugar de regocijo o alegría". Con un clima templado y una altitud de más 2 mil 100 metros, Huasca tiene un encanto singular: es un pueblo sencillo, enclavado en una zona boscosa que lo envuelve de un íncreible aroma a pino, y rodeado de haciendas y hermosos paisajes que te invitan a descubrirlos poco a poco.

Huasca de Ocampo es el primer lugar reconocido como Pueblo Mágico

Aquí no hay prisas ni bullicio, desde que llegas te envuelve una atmósfera de tranquilidad tal, que lo vuelve ideal para viajar en plan romántico. Por otro lado, lugares como el cañón de la Peña del Aire o los parques ecoturísticos que se encuentran en los alrededores del pueblo y en los que se puede hacer rápel, tirolesa, cabalgata, cuatrimotos, pesca y demás, te invitan a planear un viaje de aventura.

¿Se te antoja una escapada romántica?

Hospédate con tu pareja en el hotel La Casa Azul, ubicado en el corazón de Huasca. Deja que su intenso color, paredes de adobe, techos de madera, bellos jardines y amable servicio te acojan como tu hogar durante el fin de semana. Cuenta con sólo 11 habitaciones —todas decoradas al estilo shabby chic; algunas de ellas con chimenea—, y te incluye el desayuno durante tu estancia, el cual puedes podrás disfrutar al aire libre.

Toma tu tiempo para caminar con calma por las calles empedradas y admirar las casas con sus viejos techos de dos aguas cubiertos de teja. Descubre los puestos de artesanías (la lana, la madera y el barro abundan por aquí); visita la iglesia del pueblo —una reliquia del siglo XVI construida por frailes agustinos— y súbete al tranvía turístico para hacer un recorrido por las principales haciendas del lugar (dura alrededor de hora y media).

 

 

Mención honorífica se lleva la de San Miguel Regla, cuya construcción, ordenada por don Pedro Romero de Terreros, conde de Regla y uno de los hombres más poderosos de su época, data de 300 años atrás. Este hacienda, que fue la que habitó, fue el sitio donde se procesaban y purificaban el oro y la plata que se extraían de Real del Monte durante la época del apogeo minero de la Nueva España.

Actualmente funciona como un hermoso hotel que también es una excelente alternativa de hospedaje (el costo promedio es de 1700 pesos la noche). Puedes visitar su restaurante o simplemente pagar el acceso para poder conocer el lugar, que cuenta con su propia capilla y una serie de laberintos y túneles secretos por los cuales se transportaban el oro y la plata hace tres siglos, y a los que se puede ingresar con un guía.

Sus imponentes muros de piedra, sus acueductos, fuentes, extensos jardines y estanques te regalan una estampa de verdad maravillosa: te invitan a perderte y descubrirles poco a poco, mientras que el sonido del agua corriendo y el canto de los pájaros te acompañan. Te aseguro que querrás sentarte a ver pasar el tiempo y apreciar el lugar, por lo que no está de más llevar un buen libro.

 

 

En el hotel en el que te hospedes o en alguna de las agencias de Huasca, contrata un viaje en globo para que te lleve a admirar el bellísimo paisaje de la región a la luz de los primeros rayos del sol. La mayoría de los servicios te ofrecen recogerte muy temprano en el lugar donde te hospedes y te llevan a mil 500 metros de altura.

¿Buscas un plan de aventura?

Si quieres un poco —o un mucho— de adrenalina, Huasca también tiene opciones para ti. No te puedes perder el cañón de la Peña del Aire, que se ubica a unos 40 minutos del pueblo. Un camino de terracería (el cual puedes hacer en coche o en cuatrimoto, ya que las rentan) y muy poca señalética te llevan hasta el lugar que se ha hecho famoso por una formación rocosa que desafía la gravedad. Puedes hacer el camino directo por el sendero principal o ir parando en los pequeños miradores. Para mí, lo mejor es la vista desde lo más alto: es verdaderamente espectacular. Y la manera en que sientes correr el viento en la cara mientras observas un atardecer es una experiencia que no tiene igual.

 

 

La tirolesa y el rápel serán garantía de emoción, y los precios son más que accesibles. Desde luego, no faltan los puestos con rica comida para darse un buen atracón luego de tanta actividad.

Algunos datos curiosos