Leonora Carrington, alma surrealista - Ruta al Descubierto
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Leonora Carrington, alma surrealista

Más de 60 piezas de la máxima representante de la escultura surrealista habitan este recinto en Xilitla

03 Ene 20

La interpretación onírica que hizo Leonora Carrington del mundo y de su vida derivó en la conformación de una colección artística multifacética: literatura, escultura y pintura, fueron algunas de las disciplinas que abarcó la genialidad de esta gran artista.

Tan imponente fue y sigue siendo su legado que, en su momento, Salvador Dalí dijo sobre Carrington que era la creadora más importante de su tiempo, su obra se formó en el semillero del surrealismo, además de Dalí, André Breton, Yves Tanguy, Benjamin Péret, Hans Bellmer, Jean Arp y Pablo Picasso convivieron con ella y reconocieron su talento nato.

Una parte importante de su obra se encuentra resguardada en dos recintos hermanos, los museos Leonora Carrington de Xilitla y de San Luis Potosí. Carrington comenzó con la producción de su obra desde muy temprana edad y su encuentro con la escultura fue casi de la mano con la exploración de sus sentimientos; conforme maduró, así lo hizo su obra y en la novena década de su existencia integró una colección de esculturas de bronce -uno de sus materiales predilectos- que deslumbró al mundo.

La inspiración de Carrington se remonta a su infancia, a los encuentros que tuvo con la literatura. Ella, una voraz lectora, tenía debilidad por las historias fantásticas, la mitología celta, las hadas, duendes, gnomos y demás seres fuera de nuestra realidad, que se convirtieron en el bastión de la mente de esta compleja artista.

Impulsada por el círculo que la cobijó desde que ella radicó en Francia, Carrington se convirtió en una constante productora de arte, exploraba con materiales frecuentemente, pero la temática de su obra parecía fluir siempre en la misma dirección.

La vida surreal de Carrington

Estrictamente, el surrealismo fue concebido como un movimiento artístico en el que la imaginación y las interpretaciones psicológicas del mundo prevalecían en lo que se creaba, representantes del género como Breton y Dalí sentaron las bases de este estilo en el que Carrington dio rienda suelta a su creatividad.

No obstante, ella imprimió un sello muy especial a su obra, pues siempre remarcó que ésta se centraba en sus sueños y en todo aquello con lo que había tenido contacto en su infancia a través de la literatura y del arte en general.

Los surrealistas emergieron después de la Primera Guerra Mundial, este periodo marcó al globo y cambió por completo el curso de la historia por lo que, de alguna manera, en el arte se plasmó una expresión muy particular de la realidad, o más bien, se buscó la forma de huir de ella e interpretarla “al gusto”.

Para cuando Leonora comenzó a crear arte, el surrealismo había madurado y se encontraba en su apogeo y es que ella, nacida en Inglaterra en 1917, llegó a tiempo al movimiento artístico que cambió su vida y la acercó con México.

La vida temprana de Carrington podría ser digna de una novela literaria, desde muy niña se rebeló contra los roles impuestos a las mujeres; su familia, de buena posición económica, quería que se convirtiera en la esposa ideal, pero ella supo autoeducarse y apoyada por la literatura y su madre, logró estudiar arte en Florencia, Italia.

Ahí comenzó la trayectoria y vida de Carrington, quien pronto se mudó a París, Francia, donde conoció al pintor Max Ernst, con quien tuvo una de las relaciones amorosas más significativas de su vida. Su amor se vio interrumpido por el avance de la invasión nazi, Ernst fue arrestado y ella sufrió un desequilibrio emocional.

La solución de su padre fue internarla en un psiquiátrico, siendo este el momento más doloroso de su vida y uno al que “regresaba” frecuentemente en la elaboración de su obra. Tras un periodo de internamiento, logró huir y se refugió en Lisboa, Portugal, sitio en el que no permaneció durante mucho tiempo y junto con otros artistas de la época, logró conseguir asilo en México.

Nuestro país se convirtió en la sede de su genialidad, Ciudad de México fue su residencia pero viajó por todo el territorio, eventualmente se nacionalizó mexicana y murió en 2011 en la capital. Desde que se instaló en México y hasta su fallecimiento, se consolidó como una de las mejores artistas del mundo, su obra llegó a Nueva York, Pekín, Berlín y demás capitales mundiales que elogiaron, y elogian aún, la genialidad de Carrington.

Museo Leonora Carrington

En marzo de este año, el Museo Leonora Carrington en Xilitla celebrará su primer aniversario. El que este museo se encuentre en ese Pueblo Mágico de San Luis Potosí no es ningún azar, por el contrario, es una reafirmación de que dicho lugar es una especie de subsede del surrealismo.

Xilitla, un lugar bello y mágico por sí solo, se convirtió desde mediados del siglo pasado en la casa de otro grande del surrealismo, el poeta y escultor Edward James, él fue un gran amigo de Carrington y creó el Jardín Surrealista que actualmente lleva su propio nombre, por lo que la instalación de un espacio cultural que mostrara la obra de Leonora entrelazó a estos hermanos del surrealismo.

Dentro del museo se exhibe una colección compuesta por 63 esculturas de pequeño y mediano formato, algunos grabados, dos tapices de lana, 25 máscaras en bronce y algunas herramientas de trabajo de la artista.

En el sitio, ubicado en la calle Corregidora, se aprecia la parte frontal, donde el inmueble conserva una construcción que fue una vivienda, con un área construida de 283 metros cuadrados, adaptados como oficinas, tienda del museo, sala de Interpretación del surrealismo, sala biográfica de la artista Leonora Carrington, servicios sanitarios y bodega.